Fernando Magallanes.El navegante portugués Fernando de Magallanes, propone a la Corona española navegar a lo largo del recién descubierto Continente americano, hasta encontrar el paso hacia Oriente. Tras una serie de calamidades, llegan al Archipiélago filipino en marzo de 1520, desembarcando en la Isla de Butuan. La “Victoria”, mandada por Juan Sebastián Elcano, llegó a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522, con 18 tripulantes; finalizando la  primera vuelta al mundo.

Tiempo después, Felipe II encarga la conquista de las islas a Andrés de Urdaneta y Situación Baler.Miguel López de Legazpi, que culmina el año 1565. Legazpi, en nombre de la Corona española va ocupando sucesivas islas, y funda en 1571 la ciudad de Manila, extiende el nombre de Filipinas a todo el Archipiélago en honor del Rey Felipe II.

Estallaron varias revueltas, disconformes con la ocupación. En agosto de 1896, estalló la última revuelta . El sentimiento separatista aumentó debido a la deficiente administración colonial española, a la inestabilidad política de la España isabelina, y al apoyo norteamericano a los separatistas, cuyo cabecilla fué Datto Utto. El ejército español en Filipinas estaba compuesto en su mayoría por indígenas, excepto los mandos, cuando comienzan las deserciones, ve sus filas reducidas, y al adversario más fuerte.  La revolución da comienzo en agosto de 1896. El  Capitán General de las islas era, D. Ramón Blanco, Marqués de Peña Plata.

Entre los meses de septiembre y diciembre se extiende la insurrección sin que el General Blanco pudiera hacerla retroceder. Ante esta situación, el Gobierno de Madrid sustituye al mando de Filipinas y lo entrega al General D. Camilo Polavieja, que toma posesión el día 13 de diciembre de 1896. Polavieja, que tiene rodeados a los rebeldes en los pueblos altos de Cavite, pide refuerzos a Madrid. Ante la negativa de Cánovas, que no lo considera necesario, el general presenta la dimisión alegando problemas de salud.

Le sustituye el General D. Fernando Primo de Rivera, que toma el mando en abril de 1897.  A los pocos días de su llegada, Primo de Rivera tras conquistar algunos pueblos de la provincia de Cavite y  a través de una serie de negociaciones, se llega al convenio conocido como la “Paz de Biacnabato”, en diciembre de 1897, que obligó a exiliarse al general filipino Emilio Aguinaldo en la colonia inglesa de Hong-Kong.

George Dewey.Pero en marzo de 1898 estalla la guerra entre España y EE.UU. y el 1 de mayo, Dewey, comodoro de la escuadra norteamericana, destruye a la española. A partir de entonces los norteamericanos ayudan a los filipinos y ofrecen al general Aguinaldo volver a Filipinas en condiciones de generalísimo.

BALER.

El pueblo se componía de una iglesia, la casa del gobernador y barracones para la tropa, además de las viviendas de los nativos. El contrabando de armas para la insurrección en aquellas playas provocó que, el Comandante Militar Capitán D. Antonio López Irizarri, solicitara refuerzos, ya que la guarnición normal de Baler, eran un cabo y cuatro guardias civiles.

Fruto de aquellas gestiones fue, la llegada de 50 hombres al mando del Teniente José Mota. Pero una noche, con motivo de la declaración de guerra entre EE.UU. y España, estando descuidado el servicio de vigilancia, fue atacado y destruido el destacamento.

 El 12 de febrero de 1898 llega a Baler el destacamento de Alonso y Martín Cerezo junto al recién nombrado Gobernador Político-Militar de El Príncipe, el Capitán de Infantería, Enrique de las Morenas y Fossi, para relevar al anterior.

Iglesia Baler sitiada.La tropa se instala en la iglesia, donde Se encuentran almacenadas las provisiones, las municiones y el único lugar que parece poder servir como refugio en caso de asalto. El capitán, deseoso de generar confianza en la población  y regenerar administrativamente el distrito, sugiere a Alonso que traslade la tropa a la Comandancia, residencia oficial del gobernador, sede de sus oficinas y así se hace. A los pocos días, se tiran gran parte de las raciones debido a su estado de descomposición, y se compran víveres a los nativos.

El comercio generado y la vuelta a la normalidad en las islas, además de paliar la escasez de alimentos de la guarnición de Baler, contribuyó a la repoblación del pueblo; sin embargo, corrían rumores de que la tranquilidad duraría únicamente hasta junio. Las Morenas toma por consejero al maestro de escuela, y comenzó a cultivar los terrenos de la Comandancia utilizando los servicios gratuitos de la gente. Lo que para el capitán era una muestra de confianza en la paz y en la población, para ésta era explotación y abuso; el maestro acabó siendo considerado enemigo del pueblo y fué asesinado.

Al problema de la escasez de alimentos, había que añadir que la única fuente de suministro de agua era el río que circundaba la población y éste, además de poder ser desviado en caso de insurrección, era un escondite perfecto para el enemigo en las selvas que comenzaban en la otra orilla, lo que convertía en un riesgo el ir a recoger agua. 

COMIENZO DEL SITIO. 

En abril llegan noticias de reclutamientos rebeldes en Carranglan, Pantabangan y Bongabon, en la vecina provinciaFlota española Cavite. de Nueva Écija, intentaban reclutar ofreciendo una buena paga. El 19 de mayo, Aguinaldo vuelve a Filipinas para ponerse al frente de la revolución; a finales del mismo mes, llegan  noticias sobre el inicio de la guerra contra Estados Unidos y la derrota de la flota española en la Batalla de Cavite.

Las fuerzas reclutadas en los alrededores cortaron las comunicaciones; el último correo enviado a Manila el 1 de junio fue interceptado y los marinos apresados,  días más tarde escaparon y avisaron a la guarnición. Llegan dos naves de Binangónan con arroz para vender; la guarnición intentó enviar un mensaje al exterior, al comandante de aquella población, desconociendo que la región ya estaba en plena revuelta y que se había declarado la independencia el 12 de junio.

El 24 de junio, Alejo, un prisionero que había sido puesto al servicio del gobernador y tenía permiso para moverse por todas partes, da el aviso para el abandono del pueblo y se va, robando el sable del médico, Rogelio Vigil.  El día 26  gente del pueblo empezó a desertar,  hace pensar en la inminencia de un ataque. A la mañana siguiente, el pueblo estaba desierto y todo el dinero que tenía guarnición y toda la ropa que habían enviado a lavar, había desaparecido.

Martín Cerezo.Ante esta situación, el destacamento decidió atrincherarse en la iglesia, llevando consigo las provisiones que quedaban en la Comandancia y los barriles de arroz que había comprado el cura para vender. Dos días más tarde, Martín Cerezo salió de patrulla con 14 hombres, sin novedad, mientras los que no estaban de guardia recogían el agua que quedaba en las casas del pueblo para llevarla a la iglesia.

Al día siguiente, la patrulla sale al mando de Alonso, comandante del destacamento, y uno de los soldados deserta. La tropa continúa con el acondicionamiento de la iglesia, demoliendo parte de la antigua vivienda del cura, almacenando la madera obtenida e intentando hacer un corral, dejando intacta la base del muro.  Cerezo llevó cuatro caballos para poder tener carne en caso de necesidad pero tanto la tropa, como Alonso, como el capitán se negaron y los soltaron.

La mañana del día 30 de junio le toca a Cerezo el turno de patrulla. Al llegar al Puente de España, al oeste del pueblo, un grupo de insurrectos que se encontraban apostados en la ribera del río comienza a disparar contra la patrulla, intentando rodearla. Estos vuelven a la iglesia para ponerse a cubierto, llevando como pueden al cabo Jesús García Quijano, herido en el pie; comenzando así el sitio. Ese mismo día, llegaban a Filipinas las primeras tropas terrestres estadounidenses, al mando del General Anderson, como avanzadilla del VIII Cuerpo del General Wesley Merritt.

El primer día de sitio, los españoles encuentran cerca de la iglesia una nota del enemigo en la que les advierten que cuentan con tres compañías para el asalto y los invitan a rendirse, como ha hecho la mayor parte de las tropas españolas, para evitar un inútil derramamiento de sangre.
 
Aunque no dieron mucho crédito a las noticias sobre las rendiciones, los sitiados, teniendo en cuenta los acontecimientos que se habían ido sucediendo en los últimos tiempos, no dudaban acerca de la cantidad de las fuerzas enemigas y se temieron que el sitio que acababa de comenzar se iba a convertir en un largo asedio y que sería prácticamente imposible salir de la iglesia, así que Martín Cerezo retomó la idea de construir un pozo en el interior.

Las Morenas le asignó cinco hombres y al poco tiempo, encontraron agua en abundancia a cuatro metros de profundidad. Mientras afianzaban el pozo con los pilares que habían obtenido del desmantelamiento de la casa del cura y un barril de vino, Alonso, comandante del puesto, vigilaba puertas y ventanas con el resto de los hombres.

Al día siguiente, 2 de julio, aparece otra nota, esta vez clavada en una caña de bambú en el suelo, con una hoja de platanera encima, para protegerla de la lluvia. En esta nueva carta, los insurrectos, al no haber recibido respuesta a la anterior, insistían en las victorias que se estaban produciendo sobre las tropas españolas y les informaban acerca de la caída de casi todas las provincias de Luzón, cuya capital, Manila, se encontraba sitiada por 20.000 filipinos, según la nota, y que, sin suministro de agua, estaba a punto de capitular.

Enrique De Las Morenas.Las Morenas, como Gobernador Político-Militar, respondió que Manila no se rendiría por falta de agua pues se podía utilizar la del mar. Así mismo, los instó a volver a someterse a la obediencia a España, mostrándose dispuesto a recibirlos con los brazos abiertos si así lo hacían. El mensaje acababa recomendando que no se dejaran más notas en los alrededores de la iglesia sino que fueran enviadas, después de un sonido de aviso, mediante un mensajero con bandera blanca.

Las respuestas, por parte española, se entregarían en la misma iglesia a un mensajero enviado también por el enemigo, tras dar el respectivo aviso e izar la bandera blanca. La decisión de no enviar hombres fuera de la iglesia se tomó para evitar la tentación de desertar que podían tener algunos hombres. De hecho, Felipe Herrero López, uno de los hombres que había servido con Cerezo, fue el primer mensajero que enviaron los filipinos a recoger una respuesta. Cerezo intento persuadirlo para que se reincorporara pero éste se marchó sin decir palabra.

El 3 de julio, día en que España perdía Cuba tras la Batalla de Santiago de Cuba, Félix García Torres, otro desertor, llevó otra carta pero no fue recibida y le dijeron que hiciera entender al enemigo que si continuaban eligiendo ese tipo de emisarios, serían recibidos a balazos. Durante el resto del día, como no podían salir debido al fuego enemigo, se dedicaron a construir un horno para hacer pan y a lavar la poca ropa que les quedaba en dos barriles.

El 4 de julio los soldados españoles sitiados en Baler realizan varias incursiones, destruyendo los barracones de la Guardia Civil, los edificios de la escuela y algunas casas cercanas a la iglesia desde las que los filipinos disparaban constantemente. El día 8, Cirilo Gómez Ortiz, al mando de las tropas sitiadoras, envía una carta en la que ofrece una suspensión de las hostilidades hasta la caída de la noche, para que las tropas, a las que supone sin provisiones, descansen.

Con la carta, además envía un paquete de cigarrillos para el capitán y unos detalles para los soldados. Los españoles, aceptaron la suspensión, que sería la única hasta el final del sitio, e informaron a Ortiz de que tenían abundantes provisiones y le regalaron una botella de brandy para que la bebiera a su salud.

Los combates se reanudaron y los filipinos, en un intento más de que los españoles se rindieran, enviaron a varios desertores para que desde el exterior, intentaran convencer a la tropa para que siguieran sus pasos y se reunieran en territorio enemigo. Transcurrieron así los días hasta que el 18 de julio, el cabo Julián Galvete Iturmendi cayó herido. Días después murió, convirtiéndose en la primera baja por fuego enemigo de la guarnición.

Ese mismo día, llega una carta para Las Morenas y Gómez Carreño firmada por Leoncio Gómez Platero. En ella, les exhorta en tono cordial para que depongan las armas y se rindan al Capitán Calixto Villacorta porque si así lo hacían, serían tratados con consideración y embarcados rápidamente hacia España. La carta no fue respondida así que a la mañana temprano del día 19 de julio, los filipinos enviaron otra, esta vez menos cortés y firmada por Villacorta, con un ultimátum:

Acabo de llegar con tres columnas de mi comando y, enterado de la resistencia inútil que mantenéis, os informo de que si deponéis las armas en el plazo de veinticuatro horas, respetaré vuestras vidas y propiedades, y seréis tratados con toda consideración. De lo contrario, os obligaré a entregarlas. No tendré ninguna compasión de nadie y haré responsables a los oficiales de cualquier fatalidad que pueda ocurrir.

La respuesta española fue enviada a la mañana siguiente: A mediodía de hoy termina el período fijado en su amenaza. Los oficiales no pueden ser considerados responsables de las fatalidades que ocurran.Nos une la determinación de cumplir con nuestro deber, y deberás comprender que si tomas posesión de la iglesia, será solamente cuando no haya nada en ella más que los cuerpos muertos. La muerte es preferible a la deshonra.

A mediodía del día 20, al finalizar el plazo del ultimátum dado por Villacorta, los filipinos comenzaron a disparar desde todos los puntos de sus líneas, durando el tiroteo hasta la mañana siguiente. Los españoles, para economizar munición e incitar al enemigo al asalto, decidieron no responder a este fuego. Ante esta actitud, Villacorta, en vez de enviar sus columnas contra la iglesia, envió un mensaje en el que decía que no iba a gastar pólvora inútilmente, pero no levantaría el sitio, aunque tuviera que prolongarlo tres años, hasta que los españoles se rindieran.Plano iglesia.

En la iglesia habían encontrado varios cañones viejos, pero sin accesorios ni carro para transportarlos. Mezclaron los explosivos de algunos cohetes rotos con la pólvora de algunos cartuchos de los fusiles Remington y pusieron parte de la mezcla y las balas en uno de los cañones más pequeños, que llevaron a uno de los disparaderos que habían construido en el antiguo convento, ahora, el corral, y colgaron la parte trasera de una viga, con una cuerda que les permitía variar el ángulo de tiro.  Con una larga caña de bambú con fuego en el extremo, consiguieron disparar el cañón, que hizo temblar los cimientos del corral.

Los insurrectos enviaban casi a diario mensajes a los sitiados y, un día, uno de los mensajes fue entregado por dos españoles. Algunos soldados creyeron reconocer a uno de ellos como uno de los guardias civiles del destacamento de Mota, que había comandado el puesto de Carranglan.

El asistente de Alonso, Jaime Caldentey aseguró que era un paisano y amigo suyo de Mallorca. Alonso indicó a Jaime que debía decir a los enviados que tenían suficientes provisiones y municiones para aguantar y éste se dirigió a ellos en mallorquín. El guardia, fingiendo no conocer el idioma, le dijo que estaban perdidos y que si continuaban con su resistencia, acabarían muertos, porque todas las tropas peninsulares se habían rendido y no iban a recibir refuerzos. Al oír esto, Martín Cerezo contestó que el que estaba perdido era él, y que se fuera de allí.

Villacorta volvió a enviar otro ultimátum el 31 de julio. En él amenazaba con utilizar fuego de cañón si no se entregaban al día siguiente. Los filipinos había recibido algunos cañones, al parecer del mismo tipo que los que tenían los españoles y, tal como había amenazado Villacorta, a las doce de la noche comenzó el bombardeo desde el sur, el este y el oeste produciendo algunos daños en las puertas y en el techo, quedando prácticamente a la intemperie.

El 3 de agosto, Jaime, el sirviente de Alonso, aprovechando que estaba de guardia a la derecha del altar, desertó llevando consigo su equipo y munición. Días después, gracias a la información de Jaime sobre el temor de los españoles a un ataque por el norte, donde no había sino un vigía, los filipinos atacaron, concentrando el fuego en la zona y poniendo una escala en el muro, cerca de donde se encontraba el vigía, que dio la alarma.

Los españoles se dirigieron hacia la zona para repeler el ataque y, ante la insistencia del enemigo, a Alonso se le ocurrió fingir una salida para asaltar una de las casas fortificadas del exterior. Al oír el grito de Alonso y el incremento del fuego, los filipinos se retiraron dejando la escalera junto al muro, aunque continuaron disparando con cañón y rifle desde las trincheras.

Mientras tanto, el día 13 de agosto, las tropas estadounidenses al mando de Merritt, protegidas por la flota de Dewey, sin contar con Aguinaldo, asaltan Manila y, al final del día, controlan la ciudad, rindiendo Fermín Jáudenes y Álvarez, Gobernador General, las tropas españolas en Filipinas, que serían repatriadas poco a poco.

El día de la Virgen de la Asunción, el 15 de agosto, los filipinos hirieron al soldado Pedro Planas Basagañas y días después, Villacorta envió a dos curas de la parroquia de Casiguran, Juan López Guillen y Félix Minaya, para insistir en la rendición.  Los religiosos no consiguieron su propósito, sin embargo, Las Morenas les pidió que se quedaran, a pesar de la escasez de provisiones, y así lo hicieron hasta el final del sitio.

Hasta el día 25, todo transcurrió sin más novedad que el fuego continuo pero, ese día, murió la primera víctima de beriberi, el padre Cándido Gómez Carreño, cura de Baler, natural de Madridejos (Toledo).  Durante el día, se presentó en la iglesia Pedro Aragón, quien dijo ser habitante del pueblo y suplicó hablar con el cura para informarle sobre la caída de Manila y pedirle que ayudase a convencer a los soldados españoles para que se rindieran.

El soldado Francisco Rovira Mompó, enfermo también de beriberi, murió de disentería, el 30 de septiembre, día en el que llegaron nuevas noticias a la iglesia en forma de carta del Gobernador Civil de Nueva Écija, Dupuy de Lôme. En ella, informaba a Las Morenas, que conocía a Dupuy y afirmaba que la letra era suya, de que se había perdido Filipinas. Más tarde llegaron rumores sobre la rendición del Mayor Juan Génova Iturbe, el capitán Federico Ramiro de Toledo, el Mayor Ceballos en Dagupan y el General Agustí en Manila.

Finalmente, llegó una carta del cura de Palanan, Mariano Gil Atienza, en la que les confirmaba los rumores e intentaba hacerles ver que era inútil seguir resistiendo, porque el archipiélago se había perdido. Sin embargo, los sitiados no dieron crédito al Gobernador de Nueva Écija, ni a los informes oficiales ni al resto de las informaciones recibidas, pensando que se trataba de una treta del enemigo, incrédulos ante el hecho de una pérdida tan rápida del archipiélago.

El teniente Saturnino Martín Cerezo se hace cargo del mando a la muerte de Alonso.El Cabo José Chaves Martín y el soldado Ramón Donant Pastor mueren de beriberi el 9 de octubre. Días después cae gravemente herido el doctor Vigil y, el día 18, muere Juan Alonso Zayas de beriberi, enfermedad que se estaba extendiendo rápidamente entre la tropa, tomando el mando Saturnino Martín Cerezo.

Para evitar en lo posible el avance del beriberi, los españoles abrieron varias vías de ventilación, intentando no comprometer la seguridad. A pesar de las medidas tomadas, la mayor parte de la tropa apenas se tenía en pie, por lo que se organizaban guardias de seis horas, en las que los relevos se hacían con ayuda de los soldados sanos, que llevaban a la cama al soldado relevado y colocaban en una silla al nuevo vigía, mientras el cabo de turno, hacía rondas comprobando el estado de los distintos centinelas.

Los insurrectos, volvieron a escribir a los españoles, informándoles de que el dominio español en Filipinas había terminado y que, si se rendían, serían rápidamente embarcados hacia España. Los sitiados contestaron que, de acuerdo con las leyes y usos de guerra, en caso como aquel, contemplaban un periodo de seis meses para llevar a cabo la evacuación y, que como sabría seguramente el Gobernador General, disponían de provisiones y munición suficiente para permanecer allí ese tiempo.

Los filipinos contestaron que tras las hostilidades con las tropas estadounidenses, los generales españoles habían dejado de ocuparse de sus tropas, así que al destacamento de Baler, no le quedaba otro remedio que rendirse, a lo que los españoles contestaron que ningún ejército abandonando un territorio, podía olvidar a sus tropas comprometidas en el terreno.

Antes de final de mes, hubo otras tres bajas. El día 22 murió de beriberi el soldado José Lafarga, el día 23 fue herido el soldado Miguel Pérez Leal y el 25, murió, también de beriberi, el soldado Román López Lozano. Por esas fechas, la mayor parte de los soldados carecían de zapatos, por lo que para entrar en contacto con el suelo húmedo lo menos posible, algunos de ellos se fabricaron una especie de zuecos, con pedazos de madera fijados a los pies con cuerdas.

Durante la primera quincena de noviembre, murieron los soldados Juan Fuentes Damián, Baldomero Larrode Paracuellos, Manuel Navarro León y Pedro Izquierdo y Arnáiz.

El Capitán Las Morenas, a pesar de encontrarse gravemente enfermo, seguía firmando las contestaciones a los filipinos pero ante la inminente muerte, los españoles decidieron enviar la última carta firmada por él con el fin de que, en el futuro, no tuviesen sospechas acerca de su estado.  En ella, se invitaba a los insurrectos a rendirse, afirmando que serían tratados benévolamente y amnistiados. Los filipinos contestaron con insultos y amenazas. Finalmente, el 22 por la noche, Enrique de Las Morenas, fallecía de beriberi.

Martín Cerezo contaba, en aquel entonces, con 35 soldados, un trompeta y tres cabos, prácticamente enfermos. Apenas quedaban víveres, aunque había munición suficiente para seguir resistiendo. Los filipinos intentaron varias veces comunicarse con los españoles, pero Cerezo rechazaba los mensajes. Ante el temor de que esta nueva actitud pudiera hacer pensar a los sitiadores, que la moral de los sitiados estaba empezando a flaquear, el teniente ordenó organizar pequeñas «fiestas» todas las tardes, con el personal fuera de servicio, en las que se cantaban viejas canciones y se aplaudía ostensiblemente.

La actitud de los españoles irritaba a las tropas filipinas, que arreciaban el fuego y los insultos y, al mismo tiempo, estimulaba el ánimo de los sitiados. Mientras tanto, los insurrectos habían finalizado la construcción de las trincheras y habían fortificado varias casas en la parte occidental de la iglesia, a apenas 40 pasos.

Aprovechando uno de los momentos en los que el fuego filipino se había relajado, el soldado Juan Chamizo Lucas, cubierto por todos los soldados que no estaban en puestos de vigilancia, consiguió salir, quemar las casas cercanas y volver sin ser descubierto.

Rafael Alonso Mederos se convirtió el 8 de diciembre en una nueva baja del beriberi, pero como era un día festivo en la Infantería Española, Cerezo decidió repartir crepes, café y sardinas entre la tropa, con el fin de disipar, en parte, los efectos de la nueva pérdida. A pesar del estado de las provisiones, los soldados tomaron la salida de la monotonía como una auténtica celebración de la Inmaculada.

Dos días más tarde, el 10 de diciembre, se firma en París el tratado por el que España cede a Estados Unidos sus colonias en Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, dándose por finalizada la guerra entre ambos países. Por su parte, los filipinos continuaban con sus ataques de cañón, pero sin atacar de la manera contundente que podría haber acabado con los españoles.

Entre el ruido de los fusiles y cañones, se oían también insultos y gritos de los soldados filipinos, entre ellos, los desertores, que hacían ostentación de su presencia, cosa, que enfurecía a los sitiados. Además, algo que frustraba a los españoles, era que, debido a la maleza que los rodeaba, no eran capaces de ver si realmente causaban bajas entre el enemigo o no. La escasez de alimentos hizo que Martín Cerezo se plantease una salida, con el fin de obtener calabazas frescas y otros frutos que crecían cerca de la iglesia. Para ello, concentraría el fuego sobre todo el pueblo, creando confusión.

El plan, inicialmente previsto para la víspera de Noche Buena, tuvo que anticiparse debido a la debilidad del doctor que, de no comer algo fresco, moriría en poco tiempo.  El estado de salud del médico del destacamento, Rogelio Vigil, provoca el adelanto de la acción para obtener provisiones.Para intentar la salida, Cerezo contaba con apenas 20 hombres, que debían arriesgarse a salir a campo abierto ante un enemigo bastante más numeroso, en mejor estado de salud y atrincherado, por lo que la única ventaja con la que podían contar era el factor sorpresa.

El teniente llamó al cabo José Olivares Conejero para que seleccionara 14 soldados para llevar a cabo la misión. El comando debía salir por el agujero de la sacristía que daba al foso, rodear la casa más cercana al norte de la iglesia y prenderle fuego con con trapos impregnados de gasolina atados al extremo de cañas de bambú. La misión del resto de los hombres era dar cobertura de fuego desde la iglesia.

En torno a las diez y media de la mañana del 14 de diciembre, el cabo y sus hombres salieron de la iglesia según lo planeado. La sorpresa y la velocidad a la que se propagó el fuego por el pueblo hizo que los filipinos de la zona se retirasen rápidamente. Tras el ataque, la mayor parte del pueblo y las trincheras circundantes fueron destruidas. Los españoles despejaron también la zona sur, lo que les permitió abrir las puertas, que habían permanecido cerradas desde el inicio del sitio e hicieron un claro que les permitía ver el río, al este, lugar frecuentemente utilizado por los filipinos para el suministro de provisiones y refuerzos.

La acción se llevó a cabo sin ninguna baja por parte de los españoles, aunque la confusión del momento les impidió saber las causadas por ellos, más allá de un centinela calcinado por el fuego y los rumores acerca de la muerte de Cirilo Gómez Ortiz. Con la operación, los sitiados obtuvieron una gran cantidad de calabazas y naranjas de los árboles que había cerca de la iglesia, además de todos los tableros, vigas y varas de metal que pudieron sacar de la Comandancia y una escalera que había quedado abandonada junto al muro tras el último intento de asalto filipino.

Tras el ataque, con la zona despejada, al menos de momento, los españoles podían salir a diario a recoger hojas de calabaza. La situación también posibilitó la construcción de una fosa séptica a unos cuatro o cinco metros de la pared del corral, con lo que la situación higiénica mejoró considerablemente.

Esto, unido a la posibilidad de abrir las puertas para ventilar el aire y la comida fresca, contribuyó a que la epidemia de beriberi comenzase a remitir. Además, cerca de la entrada a las trincheras cultivaron un pequeño huerto de tomates y pimientos salvajes para poder obtener alimentos frescos sin tener que arriesgarse apenas a recibir fuego enemigo.  Con ayuda de la escalera abandonada por el enemigo y los materiales obtenidos en la escaramuza, los españoles techaron con tableros de cinc, como pudieron, la azotea destruida por los cañones filipinos.

A pesar de los esfuerzos, cuando la lluvia era fuerte, el techo apenas servía, y una noche de tormenta parte de la cornisa asegurada con los materiales de la Comandancia se vino abajo, dejando a los españoles sin posibilidad de volver a repararla hasta que amainase el tiempo.  Mientras tanto, los filipinos volvieron al sitio, utilizando las casas que no se habían quemado y cavando nuevas trincheras, esta vez más lejanas, en cuyo fondo tenían que poner plataformas, debido a las inundaciones que provocaban las lluvias y las crecidas del río.  Con la intención de molestar a los españoles, los filipinos gastaron gran cantidad de munición, mientras los sitiados disparaban sólo cuando lo consideraban necesario.

Llegada la Nochebuena, Cerezo ordenó repartir raciones extra de calabaza, naranja y café y con algunos instrumentos que habían encontrado en la iglesia y unos bidones de gasolina, celebraron una ruidosa fiesta, mientras desde las trincheras enemigas les llegaban gritos amenazadores.

Al día siguiente oyeron la llamada a parlamentar, desde algún lugar frente a la iglesia. Cerezo ordenó izar la bandera blanca y al rato, un hombre se presentó y entregó un paquete con tres cartas. Una de ellas venía firmada por Villacorta, informando de que el Capitán Bellota había llegado al campamento para parlamentar con ellos y que, con el fin de facilitar su propósito, las hostilidades cesarían hasta el final de la conferencia, que se celebraría como y cuando los sitiados dijesen.

La segunda carta, firmada por el capitán en cuestión, informaba de que había sido enviado a Baler para reunirse con los soldados españoles y la tercera, firmada por el Padre Mariano Gil Atienza, rogándoles que dieran crédito a Bellota y a lo que éste les quería comunicar.

Cerezo, ante la posibilidad de que los rumores acerca de la pérdida de Filipinas se vieran confirmados con la presencia de Bellota, contestó que lo esperaría en la plaza y así lo hizo, pero nadie se presentó, por lo que ordenó arriar la bandera blanca en cuanto empezó a oscurecer y ordenó a sus hombres que dispararan a cualquier insurrecto que apareciera, porque, a su entender, todo había sido una trampa, con el fin de comprobar si recibirían a alguien que no tuviera miedo a presentarse.

 En Nochevieja se acabaron las hojas del calendario y las raciones cada vez eran más escasas. En el exterior, el 4 de enero de 1899, el General Otis proclama, en nombre del presidente William McKinley, la soberanía de Estados Unidos sobre Filipinas. Al día siguiente, Aguinaldo protestó, sorprendido por la reacción de los americanos, que consideraba que habían venido a liberarlos de los españoles, en lugar de a someterlos.

El día 13 de enero, el soldado Marcos José Petanas cayó herido. Durante una de esas noches, los insurrectos dejaron en la puerta de la iglesia algunos periódicos filipinos que los sitiados encontraron a la mañana siguiente, en los que se podían leer noticias acerca de españoles arrestados por soldados norteamericanos por pequeños robos o de gente como el cura de Albulug (Cagayan), aparentemente a favor de la insurrección, a cambio de que los filipinos, a los que daba ayuda, dejaran que siguiera a cargo de su plantación de café.
 
Mientras Aguinaldo esperaba contestación de McKinley a sus peticiones enviadas a Washington a través de Otis, el 4 de febrero, las los estadounidenses atacan por sorpresa todas las líneas filipinas, dando así comienzo la Guerra Filipino-Estadounidense.  El 13 de febrero, murió de beriberi el soldado José Sáus Meramendi y al día siguiente volvieron a sonar las cornetas filipinas llamando a parlamento.

Cerezo subió a la torre para ver qué ocurría y vio en una de las casas fortificadas a un trompeta y a un hombre con una bandera blanca. Como los españoles no contestaban, los filipinos hicieron sonar dos veces más el aviso y, al seguir sin obtener respuesta, enviaron a un hombre hacia la iglesia por la Calle General Cisneros.

Cerezo, desde la torre, le dio el alto y éste preguntó si se trataba del Capitán Las Morenas. Cerezo contestó que no, que era uno de los oficiales del destacamento y le preguntó qué quería.  El individuo se identificó como el Capitán Miguel Olmedo y aseguró estar allí por orden del Capitán General para hablar con el Gobernador. Cerezo le dijo que De las Morenas no hablaba ni recibía a nadie y que le dijera a él cuál era el mensaje que quería transmitir.

Olmedo dijo que traía un comunicado oficial así que Cerezo ordenó a un soldado que saliera a por él. El enviado se negó a entregar el mensaje al soldado porque tenía órdenes de entregarlo en persona y Cerezo fingió retirarse sin atenderlo.

Finalmente el enviado cedió y entregó al soldado el mensaje para el gobernador, firmado por Diego de los Ríos y fechado el 1 de febrero de 1899, en el que ordenaba a Enrique de las Morenas que abandonase la plaza, siguiendo las instrucciones de Olmedo, dado que España había cedido la soberanía de las islas a Estados Unidos tras la firma del tratado de paz entre ambos países.

Cerezo observó en la comunicación algunos detalles que no le convencieron acerca de su autenticidad y al volver, dijo al mensajero que el Capitán De las Morenas se había dado por enterado y que podía irse. El enviado pidió quedarse a dormir en la iglesia, pero Cerezo se negó diciéndole que durmiese donde había dormido hasta el momento, lo que aparentemente sorprendió a Olmedo que, según él, había ido incluso al colegio con el capitán.

Resignado preguntó cuándo podía volver a por la respuesta y Cerezo contestó que cuando tocasen a llamada e izasen la bandera blanca. El enviado se fue y los españoles no volvieron a verlo, aunque lo oyeron hablando noches después en una de las casas que creían habitadas por algún jefe insurrecto. Al parecer, Cerezo desconfió del mensajero por presentarse de paisano a pesar de la importancia del mensaje, utilizando las formas y maneras de llamada de los filipinos.

Además, a pesar de decir ser compañero de colegio de Enrique de las Morenas, había preguntado al teniente si él era De las Morenas y, por otra parte, el extraño suceso del Capitán Bellota, que no apareció en la plaza, era demasiado reciente. A pesar de la necesidad de acabar con aquella situación, Cerezo se acogió al artículo 748 de las Ordenanzas Militares en el que se recordaba que, en situación de guerra, incluso la ejecución de las órdenes escritas de rendir una plaza provenientes de un superior debían ser suspendidas hasta que se comprobase fehacientemente su autenticidad, enviando, si era posible, una persona de confianza que las verificara.

 Una noche de finales de febrero los centinelas avisaron de la presencia de un carabao acercándose a la iglesia. Al parecer los filipinos, para tener carne fresca, habían traído una pequeña manada a la zona, que pastaba entre ambos bandos.

La primera noche, ante la sorpresa, uno de los centinelas disparó sobre uno de los animales, consiguiendo únicamente que se alejara. A la noche siguiente, Cerezo, junto a cinco tiradores, salieron al exterior y en poco tiempo consiguieron cazar una pieza. Los españoles celebraron un banquete asando el animal y devorando la carne, que apenas duró tres días. Cuando se acabó la carne volvieron a salir, pero esta vez el enemigo estaba preparado y tuvieron que cazar el carabao bajo el fuego filipino.

Al carecer de sal no podían conservar la carne, así que en dos días se echó a perder y los españoles decidieron salir a por más. Esta vez abatieron dos animales, pero uno tuvo que quedar fuera y al día siguiente había comenzado a hincharse y descomponerse. Los filipinos decidieron llevarse de la zona el ganado que quedaba y las cacerías terminaron, tras dar un respiro a los españoles en cuanto a alimentación se refiere y a la posibilidad de fabricar calzado, algo tosco, con las pieles de los animales.

Llegado marzo de 1899 los soldados españoles apenas tenían ropa. Mientras pudieron fueron remendando la que tenían, pero poco a poco se habían ido quedando sin material, así que se hicieron ropas con las sábanas y camisetas de las provisiones que tenían del hospital. Días más tarde, el día de la Encarnación, 25 de marzo, a los sitiados en Baler se les había acabado el arroz y Cerezo, con el fin de entretener a la tropa, ordenó abrir una trinchera en la Calle España, al final de la cual se encontraba el puente del mismo nombre, cubierto y fortificado.

Cerca del puente, a la derecha, se encontraba la casa del Gobernadorcillo y a la izquierda,junto a la Calle Cardenal Cisneros, se encontraba otra casa fortificada donde había cañones. Desde la trinchera, los españoles podían disparar sobre el puente e impedir la comunicación con las dos casas. El trabajo se completó sin llamar la atención de los filipinos y se hizo de manera que la trinchera se pudiera ocupar y evacuar sin ser vistos.

Tres días después, el teniente colocó en la trinchera algunos hombres, que sorprendieron al enemigo dejando en la calle dos muertos y un herido grave. Los filipinos contraatacaron la mañana del 30 de marzo con un fuego sostenido desde la distancia, que duró hasta la noche, sin más novedad que la llegada de un cañón moderno de los abandonados por los españoles en Cavite, cuyos proyectiles, a pesar de impactar contra la iglesia, apenas causaron daños.

Aguinaldo, conocedor de lo prolongado del sitio, había enviado a la zona al General Tiño con numerosas fuerzas e instrucciones de tomar la iglesia, pero al llegar, los españoles causaron en sus tropas cerca de cincuenta bajas y Tiño volvió a informar de que la iglesia no podía ser tomada al asalto, a lo que al parecer Aguinaldo contestó que ya vería cómo sí era posible y le envió el cañón con tal propósito.

Los filipinos, hicieron sonar las trompetas llamando a parlamento varias veces, pero ante el silencio de los españoles, comenzaron a disparar de nuevo desde todas sus líneas. A la mañana siguiente, los filipinos intentaron parlamentar de nuevo, y al no recibir respuesta, alcanzaron a los españoles, con ayuda de una larga caña de bambú, una carta y un nuevo paquete con periódicos. Los españoles hicieron caso omiso de la entrega y el tiroteo continuó.

Durante los primeros ocho días de abril, el fuego apenas cesó y los españoles causaron varias bajas entre los servidores del cañón. El día 8 se acabaron el bacon y el café y apenas quedaban alubias, y a los españoles no les quedaba prácticamente otro remedio que rendirse, pero Cerezo pensó que, además de tener que humillar la bandera, deberían confiar sus vidas a los furiosos sitiadores y a los desertores y optó por continuar con la resistencia.

A los 282 días de sitio se acabaron los últimos restos de arroz, las habichuelas y el rancio tocino, pero los heróicos defensores de Baler continuaron en sus puestos, manteniendo la resistencia al estar convencidos que defendían territorio español. En vista de ello, los sitiadores hicieron más violentos los ataques, intentando incluso incendiar la iglesia. La actividad del Teniente médico es increíble. Enfermo de beriberi, incluso herido, se hacía trasladar en un sillón, allí donde su presencia es necesaria para ayudar a su compañero, jefe de la posición.

Médico Rogelio Vigil.Vigil de Quiñones, como buen médico, intuye lo que años más tarde serían conocidas como las vitaminas. A tal fin instruyó al Cabo Olivares para que con 10 soldados se acercaran al campo enemigo a requisar víveres frescos. Lograr tal objetivo permitió mejorar a los enfermos del beriberi al menos por algunos días.

Cierta mañana los sitiados escucharon cañonazos al Oeste de su posición, haciéndoles pensar en la llegada de socorro. Por la noche un potente reflector les busca. La alegría invadió el corazón de todos. A la mañana siguiente perciben un intenso tiroteo sobre la playa, pero al llegar la noche, el reflector dejó de alumbrar y el buque desde donde emitía el reflector, se alejó definitivamente.

El desconcierto y el desánimo invadieron a los sitiados, teniendo que actuar el Teniente Martín Cerezo con grandes dotes oratorias para elevarles el ánimo. Lo ocurrido fue lo siguiente: El buque de guerra americano Yorktown llegó a la playa con la intención de rescatar a los españoles, pues entonces también ellos eran enemigos de los filipinos al establecerse la Paz de París entre España y los EE. UU.

La tropa americana desembarcada fue copada por tropas tagalas, que parapetadas en la selva dominaban la playa. El desastre fue total. el oficial que los mandaba y 15 marines fueron muertos, obligando al resto a retirarse, alejándose el buque y dejando abandonados a los esperanzados españoles. A partir de entonces, los filipinos deciden atacar la iglesia diariamente para agotar a los sitiados. Pero no era el ejército filipino el que podría rendirlos, sino la falta de alimentos.

La hambruna era tan grande, que toda hierba, ratas, caracoles o pájaros que estaban a su alcance, por repugnante que fueran, eran comidos por los soldados sitiados. A finales de mayo del 99, persistiendo los ataques, los filipinos llegan hasta las mismas paredes de la iglesia, siendo rechazados en un cuerpo a cuerpo, dejando el enemigo 17 muertos y logrando algunos heridos regresar a sus posiciones.

Los continuos ataques, cada vez mejor organizados, pretendían acabar definitivamente con el punto de resistencia español. Pero un nuevo parlamentario llega hasta la iglesia, se identifica como el Teniente Coronel Aguilar Castañeda, perteneciente al E.M. del General de los Rios. Pequeños detalles hicieron dudar a Martín Cerezo de la autenticidad del nuevo parlamentario: su raro uniforme, sus pocos expresivos documentos de acreditación; e incluso el barco que, visible en la ensenada, aseguraban era para repatriarlos, pensaron, o creyeron ver, era un lanchón filipino enmascarado como un barco real.

Ciertamente los aparatos de observación que poseían no eran de gran calidad y para Martín Cerezo era increíble, que España hubiese abandonado Filipinas como insistentemente le decían. Esto era el factor base de su incredulidad. Rechazados los argumentos del Teniente Coronel Aguilar, el jefe, perplejo y aburrido, hubo de retirarse sin antes decirle al Teniente: “¡Pero hombre! ¿qué tengo que hacer para que Vd. me crea, espera que venga el General Ríos en persona?” A ello le contestó el Teniente: “Si viniera, entonces sí que obedecería las órdenes”.

Tras once meses de férreo sitio sin prácticamente nada que comer, el Teniente Martín Cerezo, organizó una salida nocturna que acercándolos a la costa, les permitiera montar un punto fuerte en espera del paso de algún buque en dirección a Manila; cuando todo estaba dispuesto, al releer los periódicos que le dejó el Teniente Coronel Aguilar, encontró una noticia que le dejó perplejo, y a la que sólo podía tener acceso él. La nota decía que su amigo y compañero el Teniente Francisco Díaz Navarro pasaba destinado a Málaga a petición propia. Esta noticia se la había contado en secreto el propio Díaz Navarro.

Según se expresaría el mismo Martín Cerezo, “Aquella noticia fue como un rayo de luz que lo iluminara de súbito”. Entonces reunió a la tropa, les relató cuál era realmente la situación y les propuso una retirada honrosa, sin pérdida de la dignidad y del honor depositado en ellos por España. Los heróicos defensores como tropa bien disciplinada, le dijeron a su Teniente que hiciera lo que mejor le pareciera. Ante el asombro de los filipinos, vieron izar en la iglesia la bandera blanca y oír el toque de llamada.

Seguidamente, hizo acto de presencia el Teniente Coronel jefe de las fuerzas sitiadoras, Simón Tersón, que escuchó a Martín Cerezo y le respondió que formulase por escrito su propuesta, añadiéndole, que podrían salir conservando sus armas hasta el límite de su jurisdicción, y luego renunciarían a ellas para evitar malos entendidos. El escrito que entregó el Teniente Martín Cerezo decía: “En Baler a 2 de junio de 1899, reunidos jefes y oficiales españoles y filipinos, transigieron en las siguientes condiciones: Primera: Desde esta fecha quedan suspendidas las hostilidades por ambas partes. Segunda: los sitiados deponen las armas, haciendo entrega de ellas al jefe de la columna sitiadora, como también de los equipos de guerra y demás efectos del gobierno español; Tercera: La fuerza sitiada no queda como prisionera de guerra, siendo acompañada por las fuerzas republicanas a donde se encuentren fuerzas españoles o lugar seguro para poderse incorporar a ellas; Cuarta: Respetar los intereses particulares sin causar ofensa a personas”.

Y así, honorablemente, dio fin tras 337 días de asedio el “Sitio de Baler”. Una vez arriada la bandera, el corneta tocó atención y los sitiados se aprestaron a abandonar su reducto. Los Tenientes Martín Cerezo y Vigil de Quiñones, enarbolando la Bandera Española, encabezaban una formación de soldados agotados, que de tres en fondo, y con armas sobre el hombro, abandonaban el último solar español en el Pacífico, desde marzo de 1521. Le hacían pasillo soldados filipinos en posición de firmes, entre asombrados e incrédulos.

 Una vez que los últimos de Baler se hubieron repuesto del tremendo agotamiento y con la ayuda de los filipinos, que cumplieron fielmente su compromiso, el Teniente Martín Cerezo y sus hombres hicieron el largo viaje en dirección a Manila, atravesando poblados y lugares tan conocidos como San José de Casiñán y San Fernando. Al fin llegaron a Manila el 6 de julio del 99.

Noticia gesta.Durante el viaje, al pasar por Tarlac, cuartel general del Presidente filipino, este acogió a los españoles ofreciéndoles obsequios y alojamiento. Lo que más agradeció Martín Cerezo del Presidente Emilio Aguinaldo, fue la entrega de un periódico en el que se publicaba un elogioso relato de los españoles y el Decreto, en un artículo único que decía: “Habiéndose hecho acreedora a la admiración del mundo de las fuerzas españolas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, la constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanza de auxilio alguno, han defendido su bandera por espacio de un año, realizando una epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo culto a las virtudes militares e interpretando los sentimientos del ejército de esta República, que bizarramente les ha combatido; a propuesta de mi secretario de Guerra, y de acuerdo con mi Consejo de Gobierno, vengo en disponer lo siguiente: Los individuos de que se componen las expresadas fuerzas no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos; y en su consecuencia, se les proveerá, por la Capitanía General, de los pases necesarios para que puedan regresar a su país”.

En Manila la comisión española encargada de recibirlos, los alojó en el Palacio de Santa Potenciana, antigua Capitanía General. La colonia española los colmó de homenajes y regalos. En una de las recepciones, el Teniente Martín Cerezo recibió el abrazo del Teniente Coronel Aguilar que en son de broma le dijo: “Y ahora, ¿me reconoce Ud.?”. A lo que contestó el teniente “Si, señor. Y más me hubiera valido haberlo hecho entonces”.

Por fin, el 29 de julio del 99 embarcaron en el vapor “Alicante” camino de España, llegando a Barcelona el 1 de septiembre, siendo recibidos por las autoridades civiles y militares. Los llamados “Los últimos de Filipinas” lo formaban 1 Teniente de Infantería, 1 Teniente médico, 2 Cabos, 1 Trompeta y 28 soldados.

En 1908 se concedió una pensión vitalicia de 60 pesetas mensuales transmisibles a los soldados o a los familiares de los que hubieran muerto en la iglesia; los oficiales ya habían sido distinguidos con una pensión, según información de Jesús Valbuena. Cuatro años antes se había concedido una pensión anual de 5.000 pesetas a la viuda del comandante Enrique de las Morenas. De los 33 de Baler, sólo 13 sobrevivieron a la Guerra Civil.

En 1945 vivían todavía ocho soldados y Franco benefició a tres de ellos con el grado de Teniente Honorario. El resto no había luchado durante la guerra en el bando del dictador y no fueron reconocidos con el mismo tratamiento que sus compañeros. En 1963 fallece el último de los supervivientes de Baler, Eustaquio Gopar.

Iglesia Baler hoy.En la iglesia de Baler (provincia de Aurora) hay una placa colocada en 1939 por el presidente Manuel L. Quezon, recuerda esta gesta, cuando los patriotas filipinos todavía continuaban con la guerra, pero ahora no contra los kastilas (que significa “españoles” en f ilipino), sino contra los useños.

En octubre de 1954, con motivo de la visita del Teniente General Muñoz Grandes como Ministro del Ejército Español al Pentágono.El jefe de E.M. del Ejército Norteamericano, Ridway, recordando el heroísmo de la guarnición de Baler dijo al General Español: “La resistencia de aquella guarnición inerme y destrozada, es un ejemplo admirable de la capacidad de heroísmo y de la fuerza, de las condiciones del soldado español”. añadiendo, que, recomendaba a sus oficiales, la lectura de la famosa hazaña de Baler, como símbolo de un gran espíritu.

 

Los supervivientes de Baler a su llegada a Barcelona.Ultimos de Filipinas.

Teniente Saturnino Martín Cerezo, natural de Miajadas, Cáceres
Médico Rogelio Vigil de Quiñones , natural de Marbella, Málaga
Cabo Jesús García Quijano, natural de Viduerna de la Peña, Palencia
Cabo José Olivares Conejero, natural de Caudete, Albacete
Comandante Narciso de Vera Marrero, natural de La Laguna, Tenerife
Corneta Santos González Roncal, natural de Mallén, Zaragoza
Soldado Juan Chamizo Lucas, natural de Valle de Abdalajís, Málaga
Soldado José Hernández Arocha, natural de La Laguna, Tenerife
Soldado Luis Cervantes Dato, natural de Mula, Murcia
Soldado Manuel Menor Ortega, natural de Sevilla, Sevilla
Soldado Vicente Pedrosa Carballeda, natural de Carballino, Orense
Soldado Antonio Bauza Fullana, natural de Petra, Mallorca
Soldado Domingo Castro Camarena, natural de Aldeavieja, Ávila
Soldado Eustaquio Gopar Hernández, natural de Tuineje, Las Palmas
Soldado Eufemio Sánchez Martínez, natural de Puebla de Don Fadrique, Granada
Soldado Emilio Fabregat Fabregat, natural de Salsadella, Castellón
Soldado Felipe Castillo Castillo, natural de Castillo de Locubín, Jaén
Soldado Francisco Real Yuste, natural de Cieza, Murcia
Soldado José Pineda Turán, natural de San Felíu de Codinas, Barcelona
Soldado José Jiménez Berro, natural de Almonte, Huelva
Soldado José Martínez Santos, natural de Almeiras, La Coruña
Soldado Loreto Gallego García, natural de Requena, Valencia
Soldado Marcos Mateo Conesa, natural de Tronchón, Teruel
Soldado Miguel Pérez Leal, natural de Lebrija, Sevilla
Soldado Miguel Méndez Expósito, natural de Puebla de Tabe, Salamanca
Soldado Pedro Vila Garganté, natural de Taltaüll, Lérida
Soldado Pedro Planas Basagañas, natural de San Juan de las Abadesas, Gerona
Soldado Ramón Mir Brills, natural de Guisona, Lérida
Soldado Ramón Buades Tormo, natural de Carlet, Valencia
Soldado Ramón Ripollés Cardona, natural de Morella, Castellón
Soldado Timoteo López Larios, natural de Alcoroches, Guadalajara
Soldado Gregorio Catalán Valero, natural de Osa de la Vega, Cuenca
Soldado Marcelo Adrián Obregón, natural de Villalmanzo, Burgos
Soldado Bernardino Sánchez Cainzos, natural de Guitiriz, Lugo

HIMNO DE BALER, compuesto por Pedro Planas durante el asedio.
La obediencia, el valor, la hidalguía
nuestro lema contante ha de ser.
Con tan noble divisa, a porfía,
siempre, siempre sabremos vencer;
de la patria el recuerdo amoroso,
siempre fijo estarás.
Levantada y erguida la frente
bien se puede a la patria volver.
Somos del 2º nobles soldados
dignos seremos del Batallón.
Siempre en la brecha nos encontramos
dando la vida por la nación.
Viva el monarca que nos gobierna.
Viva la insignia del Batallón.
Viva España la hidalga tierra
sea primero nuestro pendón.

Web de un descendiente de los últimos de Filipinas.

 http://baleria.com/

Web 1898: El fin de un imperio.

http://www.eldesastredel98.com/generala.html

Video reportaje tele5.

 http://www.dailymotion.com/video/x4xw18_los-ultimos-de-filipinas_news

Video Los últimos de Filipinas.

http://www.youtube.com/watch?v=l-p4wYAQu-k

Video Eustaquio Gopar, el último de  “Los últimos de Filipinas”.

 

Nota: Ufffff  que personal, con dos escuadrones de estos, tenemos todo el país defendido. Dales las medallas Zp, ya te refresqué la memoria, por si no te acordabas de sus hazañas.

   F.D.O.

          Catt69.

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Corria el año 1538 y los turcos, el entonces invencible Imperio Otomano, se extendía imparable amenazando Europa y a toda la cristiandad.

El sultán Solimán el magnífico se había revelado como estratega incomparable, haciendo retroceder a los cristianos de Prevesa iniciando lo que parecía una segura conquista de todas las islas del Mediterraneo y el centro del continente europeo.

                                                                                         

En el Mediterráneo una ofensiva cristiana intentó eliminar el peligro que suponía la gran flota turca.

En 1535 D. Álvaro de Bazán y Andrea Doria conquistaron Túnez expulsando al temible almirante turco Khair ad Din conocido por toda la cristiandad  como Barbarroja.

Llamado a Estambul, Solimán le puso al mando de una gran flota y ejercito con orden de hacer la guerra a los infieles y controlar el Mar Mediterráneo.

Barbarroja, en 1537 capturó y saqueó las ciudades italianas de Otranto, Ugento y la fortaleza de Castro en la provincia de Lecce, justo en el tacón de la bota italiana.

Además capturó las islas de Syros, Aegina, Ios, Paros, Tinos, Karphatos, Kasos, Naxos y Corfu.

Esta fulminante campaña llevó a la desesperación a los venecianos que veían desaparecer todas sus bases en el Mediterráneo y su comercio arruinado.

Defendiendo sus intereses iniciaron una vigorosa campaña para la creación de una “Santa Liga” que recuperara los territorios arrebatados y expulsara al turco del mar.

El papa Pablo III hizo suya la idea y consiguió en febrero de 1538 la creación de una liga que aglutinara al propio Papado, la República de Venecia, Carlos V, el archiduque Fernando de Austria y los caballeros de la Orden de San Juan de Malta.

                                                                                

Carlos V reunió Cortes en Toledo para recaudar fondos pero se encontró con la resistencia títulos y señores de vasallos que no veían ganancias.

El emperador culpó del fracaso al Condestable de Castilla D. Pedro Fernández de Velasco y se quejó de él y ante él.

Este respondió con toda la cortesía debida a su señor pero firme en la resolución tomada.

Carlos, furioso amenazó con agarrarle por el pescuezo allí mismo y arrojarlo por la ventana ( Prudencio de Sandoval habla de arrojarlo del corredor en el que se hallaban ),el Condestable respondió “ Mirarlo ha mejor Vuestra Majestad, que si bien soy pequeño, peso mucho en Castilla”.

La flota constaría de 200 galeras más otras 100 naves auxiliares y el ejercito de 50.000 infantes y 4.500 de a caballo. Pero la guerra es muy cara y no fue fácil reunir las fuerzas requeridas.

No se consiguieron esas cifras, apenas unas 130 galeras y un ejercito en torno a los 15.000 infantes, la mayoría de ellos españoles.

El mando de la flota estaba disputado entre los comandantes de los diversos contingentes, aunque nominalmente lo tenía Andrea Doria, ya que Capello y Grimaldi, comandantes de las flotas papal y veneciana, prácticamente duplicaban la mandada por Doria.

Como comandante de la tropa nadie discutía la autoridad del virrey de Sicilia, Hernando Gonzaga.

Las divergencias en el mando de la flota hicieron mucho para restarle efectividad frente a un enemigo de la talla de Barbarroja, como se vio tras la batalla de Previsa en el golfo de Arta, pero aportaron el apoyo a las tropas de infantería que desembarcaron en la costa de Dalmacia y capturaron la ciudad de Castelnuovo.

Esta pequeña ciudad, situada en la actual Republica de Montenegro, era una fortaleza estratégica entre las posesiones venecianas de Cattaro y Ragusa, en la zona denominada Albania Veneciana.

Por ello Venecia inmediatamente reclamó para si la propiedad de la ciudad. Carlos V no estaba dispuesto a cederla y este sería el principio del fin de la Liga Santa.

La ciudad de Castelnuovo fue guarnecida con un Tercio de tropas veteranas españolas.

Para ello el antiguo Tercio de Niza, sucesor del Tercio de Málaga creado en 1536, fue disuelto y formado como Tercio de Castelnuovo quedando como Maestre de Campo el veterano Francisco de Sarmiento.                

Este tercio estaba castigado por un motín que tuvo a principios de año en la Lombardía. Por falta de paga las tropas que allí se encontraban crearon disturbios que tuvo que apaciguar el marques del Vasto con dineros que recaudó en esa tierra y buenas palabras entre la tropa.

Este, por orden del emperador Carlos V, envió la mitad de los amotinados al mando del maestre de campo Morales a Hungría junto con el archiduque Fernando, hermano del emperador, para ayudarle en las operaciones de hostigamiento que allá se iban a llevar a cabo contra el Turco. La otra mitad la puso bajo el mando de Francisco de Sarmiento.

                                                                                       

La composición del Tercio de Castilnovo. Lo formaban 12 compañías de infantería española de 300 hombres cada una.

Reforzaba el Tercio ciento cincuenta de caballería ligera que Prudencio de Sandoval en su “Historia de la Vida y Hechos del Emperador Carlos V” llama “ caballos capeletes”.

La artillería la mandaba el capitán Juan de Urrés y se componía de quince artilleros. Un pequeño contingente griego de tropa y caballeros con Ándres Escrápula y el caballero Jorge daban un total cercano a los 4.000 soldados.

También quedó en Castelnuovo el capellán genovés de Andrea Doria, de nombre Jeremías, a quien hicieron obispo de la ciudad junto con unos cuarenta mercaderes y clérigos.

El motivo de tener una guarnición tan numerosa estaba en el propio objetivo de la “Santa Liga”: Castelnuovo habría de ser la cabeza de playa de una ofensiva de los cristianos contra el corazón del Imperio Otomano.

Pero el destino de las tropas que se hallaban en la fortaleza dependía por completo del apoyo de la flota y esta solo se mantendría si se daban dos condiciones: que Barbarroja no los derrotara y que la “Santa Liga” permaneciera unida.

Y ambas opciones no se dieron. Primero la flota yá había sido derrotada por Barbarroja en Prevenza antes de la toma de Castelnuovo, en dicha jornada el capitán Machín de Monguía y sus trescientos vizcaínos se cubrieron de gloria al resistir durante todo el día a la flota enemiga.

En segundo lugar Venecia ya se encontraba arrepentida y no tardaría en retirarse de la “Santa Liga” pactando, más tarde, con el Turco un acuerdo desfavorecedor.

Sin las naves de Venecia la flota combinada no tenía oportunidad frente a la flota turca, más numerosa y con un comandante de la talla de Barbarroja secundado por el propio Dragut.

                                                                                                    

 EL Sitio.

Solimán mandó orden a Barbarroja que recompusiera la flota durante el invierno, la rearmara y la tuviera lista para la primavera.

Entonces embarcaría diez mil infantes y cuatro mil jenízaros para lanzarlos contra los defensores de castelnuovo.

Las fuerzas de Barbarroja, que llegaban a veinte mil bloquearían la ciudad mientras por tierra la sitiarían las fuerzas del gobernador de Bosnia, un persa de nombre Ulamen, con treinta mil soldados.

Envió, en junio, como avanzada treinta galeras para bloquear la salida del golfo de Cataro.

Estos llegaron el 12 de julio y ese mismo día desembarcaron mil soldados con intención de hacer aguada, de la que estaba la flota necesitada, y capturar a algún soldado o habitante que les proporcionara información.

Mientras estaban en estos menesteres veinte arcabuceros españoles hacían balance de la fuerza de la flota y de las tropas desembarcadas, comunicaron la información a sus oficiales y antes de la hora de comer los turcos fueron atacados por tres compañías mandadas por Machin de Monguia junto con la caballería de Lázaro de Corón.

Tras un violento combate los turcos fueron echados al mar. Esa tarde desembarcarían más gentes de armas para encontrarse con el propio Francisco de Sarmiento que, junto a los capitanes Álvaro de Mendoza, Olivera y Juan Vizcaíno, con seiscientos soldados les estaban esperando.

Mataron a trescientos y les tomaron treinta prisioneros obligando al resto a reembarcar. El día 18 de julio de 1539 llegó la flota de Barbarroja que inmediatamente empezó a desembarcar tropas y artillería, esperando la llegada de Ulamen que se presentó pocos días después.

Durante cinco días estuvieron construyendo trincheras y baluartes para las cuarenta y cuatro piezas de artillería que tenían entre el campamento de Barbarroja y el de Ulamen que estaba situado al norte. Allanaron el campo hasta Castelnuovo para facilitar las operaciones.

En este tiempo no estuvo ociosa la guarnición que hizo varias salidas haciendo pagar caro en vidas las obras que se hacían. En una de ellas moriría Agi, uno de los capitanes favoritos de Barbarroja.

La ciudad también sería batida por mar ya que habían embarcado diez piezas de artillería en otras tantas galeras.

Ocurrió que los jenízaros decidieron dar una escaramuza pero fueron sorprendido por una fuerza de ochocientos españoles que los desbarataron dejando el campo sembrado por los cadáveres de cientos de jenízaros.

Enterado Barbarroja de lo que había sucedido tuvo un arrebato de cólera ya que las perdidas de este cuerpo selecto no eran fáciles de reponer y sumados a los casi mil muertos que habían tenido había que unir otros tantos heridos.

Esta fue una humillación que le escoció mucho y para evitar que se repitiera dio ordenes tajantes prohibiendo que se hicieran escaramuzas como la que tan mal había acabado.

Sarmiento había aprovechado los meses que tuvo para acondicionar las defensas de la ciudad, reparar las murallas y los baluartes, construir  otros nuevos y reforzar los que tenían necesidad de ello, pero no pudo hacer demasiado al carecer de medios para ello ya que no se planteó la fortificación de la ciudad por ser esta el punto de partida de un ataque general y no querer que la construcción alertara al turco para un ataque inmediato.

Además envió al capitán Alcocer a España, a Pedro de Sotomayor a Sicilia y al capitán Zambrana a Brindisi. Todos tenían orden de presentar las necesidades de la guarnición de socorro y trabajar en que este fuera enviado lo antes posible. No consiguieron nada y Sarmiento perdió el apoyo de tres buenos capitanes.

El día 23 de julio, teniendo Barbarroja su campamento y ejercito preparado, la artillería lista y con una enorme superioridad frente a la guarnición que se hallaba aislada y sin posibilidad de recibir apoyo o suministros, hizo una oferta a los españoles que dentro había.

Las condiciones de la rendición eran honrosas: se les facilitaría el paso hasta Italia de todas las tropas, conservarían las armas y saldrían de la ciudad con las banderas desplegadas que conservarían, además, añadía el incentivo de dar 20 ducados a cada soldado.

Lo único que pedía era que abandonaran la artillería y la pólvora.

Dos cabos de escuadra de la compañía del capitán Vizcaíno; Juan de Alcaraz y Francisco de Tapia, que lograron regresar a Nápoles y dejaron escrito el relato de los sucesos toman a hora la palabra:-“ …el maestre de campo consultó con todos los capitanes, y los capitanes con sus oficiales, y resolvieron que querían morir en servicio de Dios y de S.M., y que viniesen quando quisieren”.

Frente a ellos, que para entonces sumaban poco más de tres mil, un ejercito de cincuenta mil más la marinería de la flota.

Aislados, sin posibilidad de recibir refuerzos o suministros, mucho menos ser liberados por amigos. Escasos de pólvora, alimentos y munición y ante la generosa oferta la respuesta es: – ¡Que vengan cuando quieran!.

El día 24 se inició el gran asalto de la ciudad y todo el día duro el combate que debió de ser muy caro en vidas ya que los turcos utilizaron al tiempo infantería y artillería causando esta última bajas entre los propios turcos.

Durante la noche los españoles trabajaban para reforzar las defensas y albarrar las brechas. Al continuar el ataque el día 25, festividad de Santiago Apóstol, el obispo Jeremías se probó como bueno al permanecer con la tropa animándolos y confesando a los heridos haciendose presenteen todo el  perímetro atacado.

                                                                                         

Seis mil muertos quedaron en el campo por parte del enemigo, muchos menos los de los defensores, Prudencio de Sandoval menciona cincuenta pero es probable que bastantes fallecieran en sucesivos días por sus heridas así mismo el número de heridos debió de ser elevado para tan reducida guarnición.

Firmes permanecieron las defensas tras los terribles combates y los sitiados lejos de sentirse deprimidos por lo desigual de la lucha parecían enardecerse cada vez más al punto que Sarmiento, como comandante prudente, tenía que refrenar sus ánimos.

Decidieron los españoles, y aprobó su comandante, hacer una escaramuza ya que era practica en la que estaban muy duchos y así llevar la guerra al campamento enemigo. Una mañana salieron seiscientos contra los sitiadores cogiendolos desprevenidos.

En algunos puntos no pudieron contenerlos y se creó el pánico, incluso entre los jenízaros, por lo que atropellaron su propio campamento derribando las tiendas incluida la del propio Barbarroja.

La guardia de este pensando que los cristianos podían hacer prisionero a su señor lo agarraron en volandas y sin hacer caso de sus protestas lo llevaron hasta las galeras junto con el estandarte del sultán que pendían frente a la gran tienda.

Barbarroja blasfemaba y no precisamente en arameo por el resultado del ataque de los españoles cuando un judío ropavejero natural de Nápoles le hizo ver que el eje de la defensa era un castillejo que se hallaba en la zona alta.

Por ello decidió cambiar la estrategia: durante los siguientes días la mayor parte de la artillería se concentraría en el castillejo del alto, el resto de los cañones continuaría castigando los frágiles muros de la ciudad.

El 4 de agosto se decidió al asalto de los restos del castillo. Este se encontraba completamente desecho y sus casamatas arruinadas. Al ser un punto principal para la defensa Sarmiento había ido reforzando durante los días anteriores la guarnición y retirado a los heridos que cada vez eran más.

Al amanecer se inició el asalto y el combate duraría la mayor parte del día. Los defensores se animaban los unos a los otros y allí volvió a destacar la figura del capitán Machin de Monguía; dirigiendo, atacando, defendiendo, animando…

                                                                                       

Al caer la noche los restos de la guarnición se retiraron con sus heridos a la muralla abandonando el castillo en poder del enemigo, pero este era un montón de ruinas sin utilidad alguna.

La jornada había sido muy cara en vidas. De los oficiales de la guarnición del castillo solo volvieron Masquefá, Monguía, Haro y el alférez Galaz, todos los demás habían caído con las armas en la mano.

Estaba Barbarroja muy preocupado contemplando el alto precio pagado por un castillejo cuando llevaron hasta él a tres desertores; dos españoles de nombre Cortina y Ocaña y un portugués apellidado Vázquez.

Estos animaron al almirante a continuar con los asaltos ya que los españoles habían tenido muchas bajas, la mayoría estaban heridos y todos estaban agotados por los combates del día y los trabajos de reconstrucción que se llevaban a cabo durante las noches.

Además, insistieron, no tenían apenas pólvora y munición. Contaron que cierto soldado, bastante necio, que estaba muy mal enquistado con el contador Luis López de Córdoba viendo que este estaba sentado sobre un barril de pólvora mientras repartía las raciones prendió la mecha.

Del pobre contador no debió quedar ni las raspas, lo mismo que los que estaban cerca ya que se prendió mucha pólvora.Y sinceramente espero que se abrasara también el estúpido que provocó el desastre.

¡ Que típico es esto de mantener nuestros rencores incluso cuando más necesidad hay de estar todos juntos contra un enemigo común!.

El 5 de agosto se inició un nuevo ataque contra la muralla. Barbarroja, después del informe de los desertores, estaban muy seguro de poder tomar  Castelnuevo muy pronto y por ello lanzó a los jenízaros y ordenó desmontar a la caballería para que se uniera al ataque general.

Cuanto más presionaban los atacantes mas empeño ponían los defensores en echarlos sabiendo que les iba en ello la vida y que no podían esperar clemencia del enemigo.

El día terminó con la perdida de una torre de la muralla que había caído en poder del enemigo y desde donde ondeaba su bandera. D.Francisco de Sarmiento enterado de la perdida de la torre ordenó que se preparase una mina para  echarlos de allí.

Pero esta debía estar mal hecha o se derrumbó tierra encima de ella ya que la deflagración no salió para arriba sino por donde la habían colocado. Murieron abrasados los soldados que la pusieron y el minador, un zaragozano de nombre Miguel Formín.

El día 6 de agosto amaneció con un fuerte aguacero que acabó de arruinar los restos de la muralla. Pero lo peor es que también arruinó las mechas de los arcabuces y de la pocas piezas de artillería que tenían junto con la última pólvora.

Ese día se combatió con la espada, la pica y el cuchillo y en común tenían los soldados de ambos bandos que en la muralla morían y que luchaban como lobos.

Para entonces solo estaban en la enfermería los moribundos, todo aquel que pudiera empuñar un arma se arrastraba hasta el combate prefiriendo morir en la lucha que esperar ser asesinado en el lecho.

El día 7 fue el del asalto definitivo. Francisco de Sarmiento iba a caballo, tenia tres flechazos en la cara y cabeza por lo que apenas podía moverse, animando a los supervivientes. Todos eran sabedores que el fin se acercaba y ese era el último día de lucha.

La ciudad ya no tenía murallas, estas estaban rotas y caídas. Era imposible tratar de mantener unas murallas que ya no existían y cada vez quedaban menos soldados sanos por lo que Sarmiento dio la orden de retirada a los 600 supervivientes y estos e retiraron; “..escuadrón tras  escuadrón..”.

La idea de Sarmiento era refugiarse en el castillo de la parte de abajo de la ciudad, donde se hallaba refugiada la población. Paso a paso fueron retirándose con perfecto orden y disciplina sin perder la cara al enemigo.

Cuando llegaron a la gran plaza que se halla enfrente del castillo bajo, Sarmiento se encontró que la puerta de esta estaba cerrada.

Al pedir que abrieran para permitir el paso de los soldados le contestaron que no podían hacer tal cosa por estar esta tapiada pero que podían bajarle una cuerda para izarle.

-“ Nunca Dios tal quiera que yo me salve y los compañeros se pierdan sin mi”. fue la respuesta y partió a reunirse con los capitanes Juan Vizcaíno y Sancho Frias que no lejos combatían. Para entonces estaban los españoles rodeados y luchaban “..espalda contra espalda”.

El documento testimonio de los dos cabos de escuadra supervivientes relata con sobriedad los últimos momentos del combate:
-“ ..Y Francisco Sarmiento andaba  a caballo y bien herido. Y queriéndolo (salvar) no quiso, y dio espuelas a su caballo, y metióse peleando en la mayor furia de los jenízaros. Que no se halló muerto ni vivo, ni saben qué se hizo”.

 Cayó Castelnuovo, en el asalto murieron casi todos los jenízaros y dieciséis mil de otras unidades. De las tropas españolas apenas doscientos quedaron con vida, muchos de ellos heridos.

Uno de los prisioneros era el valiente vizcaíno Machin de Monguía, enterado de ello Barbarroja le ofreció la libertad y un puesto en su ejercito, pues le admiraba mucho por su acción en la batalla de Previsa.

La respuesta exacta del bravo soldado la desconocemos pero no cual era ya que Barbarroja ordenó que fuera degollado sobre el espolón de la galera almiranta.

También fueron degollados la mitad de los prisioneros para dar contento a la tropa, furiosa por las perdidas que habían sufrido para tomar la ciudad, junto con todos los religiosos.

Seis años después de estos sucesos, el 22 de junio de 1545, entró en el puerto de Mesina una galeota de la que desembarcaron un grupo de prisioneros escapados de  prisiones de  Constantinopla.                                                                                                                                                                                        

Entre ellos había veinticinco supervivientes de Castelnuovo: el castellano de la ciudad Luis de Godoy; Juanes de Joya, capitán; Juan Milló, alférez; el sargento Salazar; Diego de Quiñones; Martín de Alarcón; Diego de Alarcón; Antonio de Quesada; Andronico de Espinosa; Domingo de Cádiz; Juan de Andujar; Francisco de Baeza; Juan de Illanes; Juan de Madrid; Juan Catalán; Jaime Mallorquín, Pedro de Tarragona y Hernán Carrillo; Feliche; Hurtado; Montilla; Cabrera; Villagómez; Mendoza y Andrés (quizás falte alguno y sobre otro, haber si alguien tiene una relacción completa y exacta).

                                                                                      

La defensa de Castelnuovo fue cantada por poetas y alabada por toda Europa.

Los soldados que participaron en este desigual combate fueron comparados con héroes mitológicos o de la historia clásica y dándolos ya por inmortales ya que la magnitud de la hazaña hacía imposible que se olvidaran de ellos.

 Soneto 217 de Gutierre de Cetina (1520-57) titulado : “A los huesos de los españoles muertos en castelnuovo”

“Héroes gloriosos, pues el cielo

os dio más parte que os negó la tierra,

bien es que por trofeo de tanta guerra

se muestren vuestros huesos por el suelo.

Si justo es desear, si honesto celo

en valeroso corazón se encierra,

ya me parece ver, o que sea tierra

por vos la Hesperia nuestra, o se alce a vuelo.

No por vengaros, no, que no dejastes

A los vivos gozar de tanta gloria,

Que envuelta en vuestra sangre la llevastes;

Sino para probar que la memoria

De la dichosa muerte que alcanzastes,

Se debe envidiar más que la victoria.

Capitanes de las 12 compañías del Tercio de Castilnovo.

1. MdC Francisco Sarmiento de Mendoza y Manuel.

2. Machín de Munguía y Millán, ex capitán del tercio de Málaga, Niza, Garcilaso o Vargas, por todos estos nombres fue conocido en su corta vida.

3. Luis de Haro, que habia sucedido en la compañía de Pedro de Vijea, del Tercio de Málaga.

4. Juan Vizcaíno y Mendoza, formada con parte de los reformados de Lombardía en agosto de 1538.

5. Pedro Silva, formada con los reformados de Lombardía en 1538.

6. Sancho de Frías, formada con los reformados de Lombardía en 1538.

7. Juan Pérez de Zambrana, nacido en Borgoña (Franco Condado), ex capitán del tercio de Málaga.

8. Luis Cimbrón o Zimbrón, abulense, ex capitán del tercio de Málaga y padre de Toribio Cimbrón, que también sería capitán con el duque de Alba    en Flandes.
Murió en Castilnovo, dándose su compañía a Francisco de Olivera, natural de Mondéjar, que cayó prisionero y     fue cautivo. Fue de los   que consiguió escapar en la galeota turca de la que se apoderó el baezano Juan Periche de Cabrera en 1546.

9. Domingo de Arriarán, ex capitán del “Tercio del Reyno” o de Nápoles, reformado disciplinariamente en Lombardía en agosto de 1538.  Su compañía se salvó de la disolución por no hallarse culpado en los fraudes reiterados cometidos por los demás capitanes de su tercio,   excepción que también alcanzó al conde della Novellara, napolitano, que fue destinado con la suya al de Lombardía.

10. Pedro Ruiz Gallego, que sucedió en la compañía de Luis de Alcocer, formada con los reformados de Lombardia en 1538, al obtener éste licencia     para regresar a España.

11. Juan Pérez de Bocanegra, ex capitán del tercio de Málaga. Murió el 25.X.1538 en la primera escaramuza ante Castilnovo y se dio su compañía a    Pedro de Sotomayor.

12. Jaime de Marquesa o Marquina, también preso y cautivo, fue otro de los que consiguió escapar con Periche de Cabrera.  Aun no se ha establecido plenamente su identidad dado que en algunas muestras aparece como Marquesa, pero en la amplia relación sobre su huída    de Constantinopla consta inequívocamente como Marquina.

 Mariano y Zp que se os atraganta la piruleta, jaja.

        F.D.O.

               Catt69.
 

Álvaro de Bazán y Guzmán (Granada,12 de diciembre de 1526–Lisboa,9 de febrero de 1588), primer marqués de Santa Cruz, militar, almirante español y caballero de la Orden de Santiago.

Su abuelo sirvió en la Guerra de Granada con los Reyes Católicos y su padre fue marino al servicio de Carlos I.

De raiz noble navarra, el escudo familiar es un tablero de ajedrez, se dice por jugar a este juego antes de la batalla.  Se han añadido las ocho cruces de San Andrés que rodean al tablero de ajedrez.

                                                                                  

La monarquía les concedió los señoríos del Viso del Puerto y de Santa Cruz de Mudela, que pasarían a pertenecer a don Álvaro.

Su padre, marino de prestigio, conocido como Don Álvaro «el Viejo» (La Jornada de Túnez), llegó a ser Capitán General de las Galeras de España y de doña Ana Guzmán, hija del conde de Teba y marqués de Ardales, se inició muy joven en la mar con su padre patrullando las costas de Gibraltar.

Con 2 años de edad, Carlos V le entrega el hábito de Santiago, por admiración del emperador por su padre. Siete años más tarde, recibe el título de Alcaide de Gibraltar.

Con él hundió las naves francesas que navegaban por las costas de Galicia en 25 de julio de 1544, conducidos los prisioneros a Coruña, quedaron a cargo del joven.

 En 1556, Felipe II encomienda a don Álvaro la escuadra de galeras reales de Nápoles; reconquista el peñón de Vélez de la Gomera, defiende Malta, Génova, Venecia y Corfú.

El 7 de octubre de 1571, al mando de la 4ª flota de galeras, (integrada por 30 navíos) actúa en Lepanto, destruyendo 25 navíos enemigos,  decisivo para la victoria.

                                                                               

 En el año 1582. El reino de Portugal se unió a España bajo el reinado de Felipe II. Un opositor, Felipe Strozzi, dirige una operación para liberar el reino portugues.

El Marqués de Santa Cruz, fué nombrado para sofocar la rebelión, en un combate que tendrá lugar el 26 de julio de 1582 en la Isla Terceira (Azores).

Dirigió sus 28 navíos contra los 60 de Filippo Strozzi que aplastó, sofocó el movimiento independentista y sujetó la permanencia del Reino de Portugal bajo la tutela de Felipe II muchos años.

                                                                                

 Los corsarios británicos y franceses  hostigaban frecuentemente barcos y costas españolas,  Don Álvaro instigó al rey para crear una armada de escarmiento.

Argumentando  que la reina Isabel I de Inglaterra era protestante y luchaba contra el catolicismo. Felipe II, ferviente católico, accedió a los preparativos.

Después de  casi tres años de trabajos  preparando la armada invencible, unas fiebres  acabaron con su vida el 9 de febrero de 1588, en Lisboa.

El mando de la Armada Invencible recaería sobre Alonso de Guzmán, Duque de Medina Sidonia; poco talento, mala planificación y recursos escasos unido  a la obstinación real, acabó en  fracaso.

Está enterrado en el Viso del Marqués junto con su esposa, doña María Manuela de Benavides.
 

Sus campañas más destacadas fueron:

La derrota de la armada francesa en aguas de Galicia.
la conquista de la isla de La Gomera.
el socorro a la isla de Malta.
la batalla de Lepanto.
la batalla naval y ocupación de la isla Terceira o Tercera (Azores).En esta batalla se emplearon por primera vez, fuerzas de infantería de tierra para ocupar playa y terreno, es el el nacimiento de la Infantería de Marina.

Logros militares de  Álvaro de Bazán; uno de los más grandes marinos de España:

Islas rendidas: 8
Ciudades rendidas: 2
Villas rendidas: 25
Castillos y fuertes tomados: 36
Capitanes generales derrotados: 8
Maestres de campo derrotados: 2
Señores y caballeros principales derrotados: 60
Soldados y marinos franceses rendidos: 4.759
Soldados y marinos ingleses rendidos: 780
Soldados y marinos portugueses rendidos: 6.243
Prisioneros cristianos liberados: 1.564
Galeras reales capturadas: 44
Goletas capturadas: 21
Galeones y naves de alto bordo capturados: 99
Bergantines capturados: 27
Caramuzales turcos apresados: 7
Cárabos moriscos apresados: 3
Galeazas apresadas: 1
Piezas de artillería capturadas: 1.814.

Por sus hazañas el rey Felipe II le concedió el título de Marqués y tomo el nombre de Marques de Santa Cruz por ser señor de la villa de Santa Cruz de Múdela, con lo que el Viso del Puerto paso a llamarse Viso del Marqués.

Fué nombrado Capitán de la Mar Océana y Almirante de la Marina y le compró al rey  el señorío de la villa de Valdepeñas.

Se construyeron a fines del siglo XVI dos palacios, uno en la plaza mayor de Valdepeñas, que no se conserva,y otro al lado de la iglesia parroquial de El Viso del Marqués, que sí se conserva y es utilizado actualmente como Archivo General de la Marina Álvaro de Bazán.

                                                                              

La obra de este último se comenzó en 1564 según las trazas de Giovanni Castello, el Bergamasco, según dice Ceán Bermúdez, aunque Fernando Marías opina que el Palacio fue proyectado por Enrique Egas el Mozo y continuado por el Bergamasco cuando llegó de Italia acompañado de buenos artistas y decoradores.

El palacio es considerado una Joya del Renacimiento español siendo el único de estilo italiano que se conserva en toda España.

Don Álvaro cubrió este magnífico palacio renacentista de incontables frescos de los pintores manieristas italianos Cesare Arbasia y toda la familia Peroli, Nicolás, Esteban, Francesco y Giambattista Peroli, que hizo llamar de Italia, para narrar con imágenes sus hazañas militares en paralelismo con las del héroe mitológico Hércules.

El marqués vivió entre la Corte y el puerto de Sevilla al que como marino  acudía frecuentemente; su preocupación principal fué liberar prisioneros de los musulmanes.

En la iglesia parroquial se encuentra como un cocodrilo disecado colgado de la bóveda central, regalo al marqués de un bajá musulmán en uno de sus viajes.

Los marqueses de Santa Cruz protegieron las artes y las letras, varios escritores les dedicaron algunas de sus obras (Góngora, entre otros).

Su mentor fué Pedro González de Simancas, le instruyó un humanísmo refinado y gran  estimación por poetas y humanistas, que siempre protegió y apoyó economicamente.

Don Álvaro es muy posible que protegiera a Bernardo de Balbuena y otros poetas, como un desconocido «bachiller Jarana».

El hijo de don Álvaro protegió a Félix Lope de Vega, quien le dedicó una comedia, y durante el siglo XVIII fueron ilustrados.

Fomentaron la industria y la educación en sus señoríos, protegiedo a escritores e intelectuales ilustrados como Carlos de Praves, José Viera y Clavijo o Manuel Lanz de Casafonda, fueron mentore de sus hijos.
Poesía dedicada por Lope de Vega en 1588 a D. Álvaro de Bazán:

El fiero turco en Lepanto,
en la Tercera el francés,
y en todo mar el inglés,
tuvieron de verme espanto.
Rey servido y patria honrada
dirán mejor quién he sido
por la cruz de mi apellido
y con la cruz de mi espada.

 NOTA.

Apunten Zp y Mariano haber si aprenden algo; pasen estas virtudes al mundo empresarial y político verán como triunfamos.

En la guerra: Determinación y estrategia .
En la Victoria: Unión y Humildad .
En la derrota: resistencia.
En la Paz: Cautela.

  F.D.O.

                      Catt69.

PARA COMBATIR LA BAJADA DE INGRESOS

El Gobierno quiere recaudar un 15 por ciento más en multas en 2009. El Gobierno quiere recaudar más dinero de los conductores españoles.

Los Presupuestos Generales del Estado para 2009 exigen que la DGT recaude el año que viene 416 millones de euros en multas y sanciones, un 15,5 por ciento más que en 2008.

También prevé retirar el permiso de conducir a 250.000 conductores.

El Ejecutivo espera compensar así la caída de los ingresos por la crisis en sectores como el automovilístico, con la caída de matriculaciones.

A cambio, el gasto destinado a Seguridad Vial también desciende.
L D (EFE). Pese a que los ingresos por multas se han duplicado desde que entró en vigor el carné por puntos el 1 de julio de 2006, al pasar de 192 millones de euros en 2005 -año anterior a su puesta en marcha- a 416 millones previstos en 2009.

El aumento de los ingresos por multas contrasta con el descenso de la recaudación por tasas de la Jefatura de Tráfico, que caerán un 2,2 por ciento, hasta los 547 millones de euros, debido al retroceso de la actividad económica y al desplome de la venta de vehículos.

No obstante, las tasas que cobra la DGT seguirán siendo su principal fuente de ingresos, un 56 por ciento del total, que ascienden a los 966 millones de euros.

De hecho, la austeridad en el gasto público se verá reflejada en los presupuestos destinados a la Seguridad Vial, que caerán un 1,8 por ciento con respecto a este año.

Tráfico confía en aumentar la recaudación por multas gracias, entre otras medidas, al despliegue completo de los nuevos radares de control de velocidad.

A final de este año funcionarán unos 500 radares fijos y se prevé que ese número llegue a los 1.500 entre los años 2009-2011.

El año próximo continuará también el proceso de informatización de las denuncias de tráfico.

Será posible la notificación de una denuncia a través de internet, pagar las multas en carretera con tarjeta de crédito y la DGT creará una oficina virtual en la que se podrán consultar los expedientes o presentar recursos.

El objetivo es que las sanciones lleguen en menos de 15 días al infractor, dictar la resolución en un plazo máximo de 2 meses desde que se presentan alegaciones y resolver los recursos en menos de 3 meses.
 
250.000 retiradas, 10.000 cursillos.

Con ese escenario, la DGT prevé retirar el carné a 250.000 conductores el año que viene, y quitar algún punto a casi un millón.

Un fuerte incremento si se tiene en cuenta que Tráfico calcula acabar el año actual con sólo 150.000 carnés retirados.

Más conservador es el presupuesto de la DGT en el número de conductores que seguirán cursos de recuperación del permiso después de las dificultades encontradas hasta ahora en su implantación.

Para 2008 calculó que serían 25.000 conductores pero el año acabará con apenas 4.000 cursillos, así que 2009 la previsión se quedará en sólo 10.000 cursos de recuperación.

Tampoco ha tenido demasiado éxito el programa “Permiso de conducir por menos de un euro al día”, por el que la DGT facilita la concesión de créditos sin intereses para que los jóvenes de entre 17 y 25 años puedan obtener su carné de clase B por un importe inferior a los 30 euros mensuales.

Tráfico presupuestó 50 millones de euros para 2007 y 2008, cantidad que no se ha gastado en su totalidad y que, según consta en la memoria de los Presupuestos Generales del Estado, será suficiente también para las necesidades previstas en 2009.

La Dirección General de Tráfico (DGT) espera recaudar el año que viene 416 millones de euros en multas y sanciones, un 15,5 por ciento más que en 2008, y retirar el permiso de conducir a 250.000 conductores, según consta en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2009.

Los ingresos por multas se han duplicado desde que entró en vigor el carné por puntos el 1 de julio de 2006, al pasar de 192 millones de euros en 2005 -año anterior a su puesta en marcha- a 416 millones previstos en 2009.

El aumento de los ingresos por multas contrasta con el descenso de la recaudación por tasas de la Jefatura de Tráfico, que caerán un 2,2 por ciento, hasta los 547 millones de euros, debido al retroceso de la actividad económica y al desplome de la venta de vehículos.

No obstante, las tasas que cobra la DGT seguirán siendo su principal fuente de ingresos, un 56 por ciento del total, que ascienden a los 966 millones de euros.

(Fuente, Libertad digital) .  Sabado, 4 de Octubre del 2008.

Esto quiere decir que ya estabamos sentenciados antes de salir de casa,  el año pasado ya estaba conjurado limpiarnos el bolsillo este año;  aunque no tengamos  ninguna intención de cometer infracciones;  es igual como vayamos su objetivo no son las vidas;  es la pasta.
              
          F.D.O.

                Catt69.

Agustina Raimunda María Saragossa Doménech de Aragón (1786-1857) fué una heroína de la resistencia española contra los invasores napoleónicos en la guerra de la independencia.

Nació en la parroquia de Santa María del Mar, de la ciudad de Barcelona, el 4 de marzo de 1786.

El 16 de abril de 1803, con 17 años contrajo matrimonio Juan Roca Vilaseca, cabo 2º del Primer Regimiento del Real Cuerpo de Artillería, destinado en Barcelona.

Llegó  a Zaragoza con 22 años, con su hijo y su marido allí destinado en plena guerra.

El 15 de junio de 1808, los franceses entraron por la zona de Casablanca, queriendo atacar las puertas del Carmen, del Portillo y la de Santa Engracia.

El 2 de julio se produce el ataque francés, bajo el mando de Lebfevre, a la  plaza aragonesa. El general Palafox rechaza la propuesta de rendición que le hace.

El asalto se centró, entre otras zonas, en el Portillo defendida por Don Francisco Marco del Pont, donde la batería allí dispuesta había ido perdiendo uno a uno sus defensores.

Los franceses penetran por la brecha abierta, los servidores de la pieza de artillería  habian caído bajo el fuego y la metralla francesa.

Fué entonces cuando hizo aparición la heroína, que tomando la mecha de las manos de un moribundo, disparó el cañón contra los atacantes, consiguiendo su retirada y refuerzos.

Goya en su serie de los Desastres de la Guerra*, con el grabado titulado ¡Qué valor!, pintó a la joven Agustina junto a la pieza de artillería.

                                                                      

Palafox allí felicitó y concedió el distintivo de subteniente con  dos escudos de distinción con el lema: “DEFENSORA DE ZARAGOZA” y el otro “RECOMPENSA DEL VALOR Y PATRIOTISMO”.

Agustina lucha también en el segundo sitio, Moncey y Morthier asedian la ciudad con un numeroso ejército, es el día 20 de diciembre.

Participa en la defensa de Tortosa, después en la guerrilla que manda Francisco Abad “Chaleco”, en La Mancha, luego en el Cuerpo que manda Morillo y en la batalla de Vitoria.

Estuvo también en la lucha por el convento de Jerusalén (y también en el Sitio de Teruel), fue hecha prisionera, lograndose escapár más tarde. 

Otros héroes populares resistieron el ataque francés; decía Pérez Galdós: Aquellos paisanos medio desnudos, con alparagatas en los pies y un pañuelo arrollado en la cabeza…

El cura Sas,el padre Boggiero,el Tío Jorge,la condesa de Bureta,Casta Alvarez,Manuela Sancho,militares,campesinos,nobles,burgueses,ancianos y niños;combatieron a los franceses.
La  participación en la contienda de Agustina le valió una pensión de 100 reales que le concedió Fernando VII.

Dando por muerto a su primer marido; se casa con el capitán Luis de Talarbe y, por último, con otro hombre de armas, Juan Eugenio Cobo de Belchite.

Fallece en Ceuta, el 29 de Mayo de año 1857; el Ayuntamiento zaragozano acordó trasladar su cuerpo,realizandose en  1870, sus restos descansaron en el templo del Pilar y finalmente en la iglesia de Nuestra Señora del Portillo.

 NOTA:

Bueno Mariano y Zp estoy haciendo un esfuerzo enorme, para que os entereis de donde venimos y quienes somos; en resumen de que está hecha la sangre que circula por vuestras venas, como sois unos niños cabezones , mal criados y España no es para vosotros más que un juguete roto en vuestras manos, voy a repetir las lecciones hasta que vuestras retorcidas neuronas se las traguen y os salgan por las orejas, jeje; teniendo claro esto, ya os explicaré donde podemos ir.

        F.D.O.

                                           Catt69.

 

En la tarde del día 19 de junio de 1781 apareció en el puerto de la Luz de Las Palmas de Gran Canaria un bergantín mercante español muy maltratado, con evidentes muestras en su casco y aparejo que debía haber sostenido algún terrible combate. Pero, ¿qué había pasado?. Tranquilos, no se preocupen, no tienen que ponerse a buscar nada para satisfacer su curiosidad, para eso estoy yo.

El bergantín en cuestión se llamaba San Joseph, y estaba al mando del capitán don José Aldecoa. El buque estaba armado en corso y mercancía con 12 cañones de a 8 libras y ocho obuses. Tenía por tripulación a 40 hombres y llevaba carga a cuenta del Rey y que además conducía desde Bilbao a La Habana a don Miguel Ampura con algunos pliegos importantes del Real servicio. Era, por tanto, un mercante con patente para hacer el corso en un momento dado si las condiciones eran propicias para ello.

El San Joseph había salido de Bilbao el 10 de mayo en conserva de 4 fragatas y un bergantín de Boston (eran norteamericanos, pero en aquella época los llamaban así porque nos encontrábamos todavía metidos de lleno en la guerra de la independencia de Estados Unidos). Por los avatares de la mar dicho convoy se dispersó el día 13 y nuestro bergantín quedó sólo desde Cabo Ortegal. Y era mal lugar para que un buque pequeño se quedara en esa situación. A pesar de navegar con precaución el día 21 en la latitud 46º y longitud 2º 20′ se descubrieron tres velas. Una de las embarcaciones, que estaba a sotavento, les pareció a los del bergantín que era sospechosa por lo que orzaron para separarse, viendo cumplidas sus sospechas cuando aquel forzó de vela para perseguirlos.

A las 4 de la tarde alcanzó al San Joseph, pudiendo entonces ver que el cazador era una goleta armada con 20 cañones y muchos pedreros, con gallardete y bandera inglesa. Vamos, un buque de guerra. Y eso quería decir que era un hueso duro de roer. El bergantín, inferior en artillería y tripulación, se preparó para el combate e izó la bandera corsaria española y acercándose a tiro de fusil rompió el fuego con la mayor viveza.

Así estuvieron hasta las 7 de la tarde, separándose la goleta a tiro de cañón para recomponer en algo sus averías de los daños que había recibido en su casco y aparejo. Mientras, en el bergantín hacían lo mismo sin perder de vista a la goleta, que toda la noche les estuvo siguiendo. A la mañana siguiente la goleta inglesa volvió al combate disparando con sus cañones de proa, siendo contestado por las de popa del bergantín, que continuaba su rumbo. A las 9 de la noche la goleta se puso a su costado, a tiro de pistola, intimando a la rendición a lo que contestaron desde el San Joseph que antes de rendirse perecerían. Y como queriendo dar más énfasis a esto último descargaron todos los cañones, siendo respondido en iguales términos por la goleta.

En el San Joseph quedó entonces herido el capitán, y el encargado de los pliegos también quedó muy grave, aunque ambos quedaron en el alcázar animando a la gente, la cual por el continuo fuego de día y de noche, y tras caer el Guardián muerto, y con seis heridos, empezaba a desfallecer moral y físicamente. Pero no fue la visión de su capitán herido, que se desgañitaba en animarlos y dar ejemplo lo que les convenció para seguir dando candela a los ingleses, sino algo más mundano y poco romántico como la promesa de una recompensa si se lograba llegar al destino. Total, a los marineros no les daba de comer el honor, y el sonido de las monedas futuras quedó tan grabado en sus mentes que volvieron al combate con más brío, continuando el fuego hasta las 4 de la mañana del día 23. En ese momento la goleta se separó de nuevo y al ver que los españoles arreglaban su aparejo (que estaba al borde del desarbolo) y que lograron mantener el rumbo y componerse, por fin desistieron. Orzaron, y tras despedirse con un cañonazo sin bala, se fueron definitivamente. Esa despedida bien pudo ser un reconocimiento de los enemigos ante la bravura demostrada por el mercante español. Estos observaron que la goleta había quedado desarbolada de los dos masteleros.

Y ustedes dirán que vaya gran batalla que tuvieron que soportar, ¿no?. Pues ahí no acabó la cosa.

Con vientos contrarios, pero libres del enemigo, el San Joseph siguió su derrota arreglando su gente a bordo todo lo que podían, pero el día 1 de junio en la latitud 30º avistaron a su proa un bergantín de 14 cañones, que por más que lo intentaron no pudieron perder de vista. A las 12 del mediodía ya lo tenían encima con la bandera Realista (sic) izada. El San Joseph mostró otra igual para ver si se iban. Pero al ver que el bergantín español seguía forzando de vela, y no haciendo caso a los cañonazos de intimación que se le hacían, largó bandera de Boston y a tiro de fusil preguntaron que de donde habían salido y a donde iban.

Los españoles, que para algunas cosas no será pero a veces les salía el gracejo en los momentos adecuados les soltaron: que venían de la mar y que iban a la mar. Los del otro bergantín, indudablemente sin ese gracejo, no se lo tomaron muy bien y arriaron la bandera de Boston e izaron la inglesa. Y al igual que hizo la goleta anterior les intimaron a la rendición, y al igual que en aquella ocasión fue una ración de hierro lo que les fue contestado. Y así, desde las 4 de la tarde hasta primera hora de la noche, se maltrataron mutuamente quedando el bergantín inglés por la popa hasta las 11 del día siguiente, que renovó el fuego por el costado, y habiéndole correspondido con bastante acierto hasta las 3 de la tarde, terminó por retirarse. En el San Joseph de nuevo se pusieron a remediar averías por si se le ocurría volver, pero no fue así afortunadamente.

En este segundo ataque la exhausta tripulación había padecido la desgracia de que se quemaron considerablemente el Contramaestre y 2 marineros. A pesar de ello el primero volvió a cubierta en lo recio del combate para continuar en su puesto. A otro marinero se le rompió una pierna. El San Joseph, de resultas de tantos combates, tenía 5 cañones desmontados, el mastelero de gavia caído, los parapetos maltratados, dos juegos de velas destruidos y la popa arruinada, sobre todo por jugar tanto tiempo con su artillería de guardatimones en el segundo combate. Visto las averías y la falta de gente para llegar a su destino se optó por ir al primer puerto de las Canarias a arreglar los desperfectos.

(Fuente Gaceta de Madrid) y  http://historia-naval.blogspot.com/

                  F.D.O.

                                               Catt69.

La división 250 de la Wehrmacht. Einheit spanischer Freiwilliger de la Wehrmacht, más conocida como la División Azul (Blaue Division, para el ejército alemán), fue una unidad de voluntarios españoles que sirvió a partir de 1941 (y oficialmente hasta 1943) en el bando alemán durante la Segunda Guerra Mundial, principalmente en el frente oriental contra la Unión Soviética.

                                                                        

  Origen:
Aunque España no se incorporó oficialmente a la II Guerra Mundial del lado de la Alemania nazi, el general Francisco Franco permitió a voluntarios enrolarse en el ejército alemán. De este modo, podía mantener la neutralidad española mientras que simultáneamente compensaba a Hitler por su ayuda durante la Guerra Civil Española (véase Legión Cóndor). El Ministro de Asuntos Exteriores de la época, Ramón Serrano Súñer, sugirió la creación de un cuerpo voluntario, al principio de la Operación Barbarroja, y Franco envió una oferta oficial de la ayuda a Berlín. Hitler aprobó el uso de voluntarios españoles el 24 de junio de 1941. Los voluntarios se presentaron en los banderines de enganche de todas las áreas metropolitanas en España. Los cadetes de la Escuela de Oficiales de Zaragoza se ofrecieron voluntariamente en gran número.

Inicialmente, el gobierno español se preparó para enviar cerca de 4.000 hombres, pero cambió de idea al descubrir que había voluntarios suficientes para formar una división completa (18.104 hombres, de los cuales 2.200 eran oficiales y el resto soldados). Según una estimación del embajador alemán, se habrían podido formar 40 divisiones en esta convocatoria. El cincuenta por ciento de los oficiales y soldados eran militares de carrera, muchos de ellos falangistas veteranos de la Guerra Civil y estudiantes de las distintas universidades. El general Julio Esteban Infantes fue el designado para conducir a los voluntarios, sin embargo, posteriormente fue Agustín Muñoz Grandes quien le sustituye.

Como los soldados no podían utilizar el uniforme del ejército español, adoptaron un uniforme simbólico que abarcaba las boinas rojas de los carlistas, unos pantalones de color caqui usados en la Legión y las camisas azules de los falangistas, por lo que se empezó a llamar División Azul. Este uniforme peculiar se utilizaba únicamente durante los permisos en España; en el campo de batalla, los soldados usaron el uniforme gris de la Wehrmacht, ligeramente modificado para mostrar en la parte superior de la manga derecha la palabra «España» y los colores nacionales españoles.

                                                                            

El 13 de julio de 1941 salió de Madrid para Grafenwöhr (Baviera) el primer tren de voluntarios para pasar cinco semanas de instrucción. Al cuerpo formado por estos voluntarios se le dio la denominación de “250. Einheit spanischer Freiwilliger” División de Infantería del ejército alemán, y fue dividido inicialmente en cuatro regimientos de infantería. Para acomodarse a la organización estándar del ejército alemán, uno de los regimientos se eliminó, y sus efectivos se reintegraron en los tres restantes. Los regimientos tomaron el nombre de las tres ciudades españolas de donde procedía la mayoría de los voluntarios: Barcelona, Valencia y Sevilla. Cada regimiento tenía tres batallones, formados por cuatro compañías cada uno, así como un regimiento de artillería dotado de tres baterías de 150 mm y de una batería pesada de refuerzo.

Los aviadores voluntarios formaron la Escuadrilla Azul, la cual, a bordo de aviones Bf 109s y FW 190s, fue acreditada con 156 derribos de aviones soviéticos.

El 20 de agosto, tras tomar juramento (que se modificó especialmente para mencionar la lucha contra el comunismo), la División Azul fue enviada al frente ruso. Fue transportada en tren a Suwalki, Polonia, desde donde tuvo que continuar a pie. Después de avanzar hasta Smolensk, se desplegó en el asedio de Leningrado, donde pasó a formar parte del XVI Ejército alemán.

Entrada en Combate:

La División Azul sufrió fuertes pérdidas en el frente de Leningrado, debidas tanto al combate como a la acción del frío. A partir de mayo de 1942 empezaron a llegar desde España más efectivos para cubrir las bajas y relevar a los combatientes heridos. Hasta 46.000 voluntarios sirvieron en el frente del Este, de los cuales alrededor de unos 24.000 eran reclutas. Muchos de ellos fueron condecorados por acción y valor tanto por el ejército español como por el alemán.

Después de la caída del frente en Stalingrado, la situación cambió y mas tropas alemanas fueron desplegadas en relevo de las españolas. Esto coincidió con el cambio en el mando de la división, que fue asignado al general Emilio Esteban Infantes. Eventualmente los aliados comenzaron a ejercer presiones sobre Franco para que retirase las tropas voluntarias. Las negociaciones iniciadas por éste a finales de 1943 concluyeron con una orden de repatriación escalonada el 10 de octubre.

                                                                                       

El número de pérdidas de la División Azul se elevó a 4.954 muertos y 8.700 heridos. Además, las fuerzas rusas tomaron 372 prisioneros de esta división, de la Legión Azul o de los voluntarios de las SS 101, conocidos como la Spanische Freiwilligen Kompanie. De éstos, 286 fueron mantenidos en cautiverio hasta 1954, en que volvieron a España en la nave Semíramis, fletada por la Cruz Roja (el 2 de abril de 1954).

Los últimos españoles en las filas del III Reich:
Algunos soldados españoles rechazaron volver (entre 1.500 y 3.000 hombres). Hubo también voluntarios españoles en otras unidades alemanas, principalmente en las Waffen-SS, y otros voluntarios atravesaron la frontera española furtivamente por Lourdes, Francia. Las nuevas unidades fueron llamadas colectivamente la Legión Azul. Los españoles seguían siendo inicialmente parte de la 121 División de Infantería, pero aun así se ordenó la repatriación de esta unidad en marzo de 1944, siendo transportada de nuevo a España el día 21.

El resto de los voluntarios fueron reagrupados en otras unidades alemanas, como la 3ª División de Montaña y la 357 División de Infantería. Otra unidad fue enviada a Letonia. Dos compañías se unificaron con el regimiento de los Brandemburgueses y la 121 División alemana en Yugoslavia para luchar contra los partisanos de Tito. Cincuenta españoles entraron en los Pirineos para combatir a la resistencia francesa. La 101 compañía Spanische Freiwilligen Kompanie der SS 101, de 140 hombres, compuesta por cuatro pelotones de fusileros y un pelotón de oficiales, fue unida a la 28ª División de Voluntarios Granaderos Valones de la SS, luchando en Pomerania contra el ejército soviético.


Más adelante, como parte de la 11 División voluntaria Nordland de los SS Panzergrenadier y al mando del SS-Haupsturmführer Miguel Ezquerra, luchó los últimos días de la guerra contra tropas soviéticas en la batalla de Berlín. La contribución militar de la División Azul fue estimable en comparación con su fuerza, como lo puede testimoniar la cantidad de medallas y condecoraciones recibidas.

                                                                                                 

Balance de bajas:

En total, unos 47.000 soldados sirvieron en la División Azul en Rusia. Entre 4.500 y 5.000 de ellos encontraron la muerte, y más de 8.000 fueron heridos. 321 fueron hechos prisioneros de guerra por el ejército soviético, y los últimos fueron repatriados a España en 1954, llegando al puerto de Barcelona el 2 de abril de 1954 en el ahora célebre barco Semíramis.

Y aqui la batalla mas memorable de la Division Azul:

BATALLA DE KRASNY BOR:

El 10 de febrero de 1943 se produce en los arrabales de Leningrado el más sangriento hecho en el que intervino la División Azul y la última gran batalla en la que un Ejército Español interviene en Europa: La batalla de Krasny Bor, donde 5.900 soldados de la División Azul hicieron frente a un total de 4 divisiones soviéticas (44.000 infantes) y dos regimientos acorazados con más de 100 carros de combate. Se producen casi 4.000 bajas entre los españoles, pero se consigue detener el avance haciendo fracasar la ofensiva soviética y causando entre 11.000 y 14.000 bajas al Ejército Rojo. Cerca de 300 españoles cayeron prisioneros.

Despliegue en el cerco de Leningrado:

El 19 de agosto de 1942, Muñoz Grandes recibe instrucciones de trasladar a la División Azul para reforzar el cerco de Leningrado.

Se encuadra ahora a la División Azul en el XXIVº Cuerpo de Ejércitos Norte, dentro del XXXIIIº Ejército, bajo el mando directo del Generaloberst Lindemann, desplegándose en un principio en los alrededores de Vyriza para reponer las bajas de los diezmados batallones. El 1 de septiembre de 1942 son trasladados a la línea del frente, y el 7 de septiembre relevan efectivamente a la 121ª División, ocupando sus búnkers y posiciones a lo largo de 17 km en una línea que va desde Alexandrovka a Krasny Bor, a lo largo del ferrocarril Moscú – Leningrado.

El general Muñoz Grandes instala su puesto de mando en un palacete en Pokroskaia y revisa cuidadosamente su sector. Una llanura pantanosa que cruzan los ríos Slavianka e Ishora que van a desembocar al Neva; un tupido bosque que rodea las poblaciones ocupadas ahora por los españoles, al SE de la vieja capital de los Zares. Un total de 5.600 divisionarios quedan desplegados en el frente de Leningrado, aproximadamente un tercio del total de la División Azul es destinada a este frente.

Decide fortificar sus posiciones dada la proximidad del enemigo. El 2 de octubre, el general español recibe la visita de Lindemann y Von Manstein, que le informan del retraso en el asalto a Leningrado “hasta nueva orden del Führer”. Noche tras noche arrecian los bombardeos de la Luftwaffe sobre la ciudad y un incesante goteo de desertores llega a las líneas divisionarias. El 12 de diciembre, Muñoz Grandes recibe la comunicación oficial de su ascenso a Teniente General y, con ella, la orden de entregar el mando de la División a Esteban Infantes. Al día siguiente, en el Cuartel General de Rastenburg, el propio Führer le impone las Hojas de Roble a su Cruz de Caballero. La condecoración es una de las 240 que el III Reich concederá entre casi 15 millones de combatientes alemanes.

LA BATALLA:

A las 6:40 de la madrugada del 10 de febrero de 1943, 800 cañones de 187 baterías rusas con piezas de 203 y 124 mm, 2 batallones de morteros y Katyusha de 156 mm bombardeaban las líneas divisionarias destrozándolo todo, incluidos los puestos de mando y las líneas de retaguardia. Son disparados sobre las posiciones españolas decenas de miles de proyectiles de artillería (con una cadencia aproximada de un disparo cada 10 segundos por cada pieza artillera). Este devastador y denso bombardeo dura más de dos horas y en él se producen la mitad de las bajas españolas de la batalla.

Tras la preparación artillera para el ataque, cuatro divisiones soviéticas de infantería, las 43ª, 45ª, 63ª y 72ª, con un total de 44.000 hombres, apoyadas por el 31º y 46º Regimientos acorazados que comprendían casi 100 carros de combate entre KV-1 y T-34, dos batallones de cañones anticarro con piezas ZIS de 76 mm, la 35ª Brigada Motorizada y las 34ª y 250ª Brigadas de Esquiadores se lanzan, escalonadamente, contra las ya maltrechas líneas españolas que defendían un total de 5.600 divisionarios, castigadas por la intensa y densa barrera artillera.

Los soviéticos, convencidos de que el brutal bombardeo artillero ha destruido cualquier posición o intento de resistencia, avanzan de frente sobre el sector del cerco defendido por los divisionarios españoles. Los españoles, lejos de retirarse o rendirse, salen de sus agujeros, reagrupan los restos de las unidades supervivientes, montan sus ametralladoras MG34, toman posiciones en los cráteres que han producido los obuses soviéticos y hacen frente con extrema fiereza a las tropas soviéticas. El termómetro no subió de los 25º bajo cero en todo el combate.

Batallones enteros luchan hasta el final. Según relatos de los supervivientes se producen cruentos asaltos a la bayoneta y se lucha cuerpo a cuerpo una vez agotadas las municiones. Las unidades que son copadas en el asalto, no se rinden, combatiendo en todas direcciones sin tregua.

Se producen casi 4.000 bajas entre los españoles, pero se consigue detener el avance haciendo fracasar la ofensiva soviética y produciendo entre 11.000 y 14.000 bajas al Ejército Rojo. Cerca de 300 españoles cayeron prisioneros.

Después del fracasado asalto soviético, el frente sólo retrocede 3 km en algún sector, pero el cerco no se rompe. El ejército soviético no vuelve a enfrentarse directamente a las tropas españolas, limitándose a bombardeos aéreos o artilleros. El mando soviético ordenó a sus fuerzas pasar a la defensiva, la División Azul se había ganado el respeto y el temor de los soviéticos. El frente queda estabilizado por un año.

La batalla de Krasny Bor, con una encomiable resistencia de la División Azul, hizo fracasar la Operación Estrella Polar, una gran ofensiva posterior para romper el sitio de Leningrado. Se consiguieron tres de las ocho laureadas de la División Azul en la URSS.

300 divisionarios fueron hechos prisioneros de guerra por el ejército soviético, y encarcelados en Gulags en Siberia, condenados a trabajos forzados. Fueron los últimos repatriados a España en 1954, y llegaron al puerto de Barcelona el 2 de abril de 1954 en el barco liberiano Semíramis.

La actuación española en esta batalla provoca la admiración del alto mando alemán, los españoles dejan el pabellón muy alto:

“Es difícil poder imaginar a soldados más valientes. A duras penas se ponen a cubierto, desafían a la muerte. Sé, en todo caso, que nuestros hombres están contentos cuando tienen a los españoles por vecinos.”

Adolf Hitler

“Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadraos ante él, es un héroe, es un español…”

Jürgens – General de Artillería – Comandante General del XXXVIII – Cuerpo de Ejército de la Wehrmacht

Orden de batalla:

Frente de Leningrado – Unión Soviética:

55 Ejército Soviético, 44.000 soldados – General V.P. Sviridov
43º División de infantería
46º División de infantería
56º División de infantería
72º División de infantería
14º Regimiento de infantería
133º Re de infantería
141º Regimiento de infantería
9º Regimiento de artillería
131º División de infantería
268º División de infantería
45º División de Guardias fusileros
63º División de Guardias fusileros
56º Brigada de fusiles
250º Brigada de fusiles
122º Brigada acorazada
31º Regimiento acorazado
34º Brigada de esquiadores
35º Brigada de esquiadores
187 baterías de artillería de todos los calibres en formaciones artillleras independientes
2 Batallones independientes de morteros y lanzacohetes
2 Batallones independientes contracarro equipados con cañones antitanque de 76.2 mm

Alemania – Cuerpo de Ejércitos Norte, XVIII Ejército

50º Cuerpo alemán – General Kleffel

Elementos de la División Azul ( 250. División de Infantería), 5.600 soldados – Emilio Esteban Infantes
250º Batallón de reemplazo
262º Regimiento (3 batallones)
Compañía de esquiadores
250º Batallón de Reconocimiento
1º Batallón de Artillería (3 Baterías) con cañones de 10.5 cm
Una batería del 3º Batallón de Artillería con cañones de 10.5 cm
Una batería del 4º Batallón de Artillería con cañones de 10.5 cm
250º Batallón antitanque con cañones contracarro de 37 mm Pak36
Grupo de zapadores de asalto
Una compañía independiente de cañones antitanque con cañones contracarro de 75 mm Pak40
4º División de policía de las SS
212º grupo de combate de la división de infantería
215º grupo de combate de la división de infantería
Grupos de combate de las 11º, 21º, 227º divisiones de infantería
Legión voluntaria de las SS Flandes (2 compañías)

Legión voluntaria de las SS Lituania (2 compañías)
                                                                                         

Excelente aportación del Sargento primero Francisco Pérez (Granada).

Sin comentarios.

       F.D.O.

                                                 Catt69.