La Intrépida Dama De Arintero. XXIV.

Publicado: 26/02/2011 en Uncategorized

Tiempos eran de guerra en los reinos de la Corona de Castilla tras la muerte del monarca Enrique IV, en 1474, sin designar heredero.

                                                                                              

Las Cortes habían jurado como Reyes a la Princesa Isabel, hermana del difunto Rey, y a su esposo, el Príncipe Fernando, heredero del trono de Aragón, pero los negros nubarrones de la discordia  amenazaban con descargar sobre el reino.

Algunos poderosos señores de la nobleza y varias ciudades con voto en Cortes habían alzado pendones por la infanta Dª Juana, hija del difunto Rey, bastarda para muchos, legítima para otros. En auxilio de los levantiscos acudió raudo D. Alfonso V, Rey de Portugal, deseoso de acrecentar su reino a costa de la atribulada Castilla.

Cuando las noticias de la sublevación alcanzaron a la Corte, docenas de mensajeros se desperdigaron por los reinos de la Monarquía llamando a los vasallos leales a las armas en defensa de los Católicos Reyes.

Cientos de caballeros y miles de peones acudían prestos a la llamada real y se concentraban cerca de Benavente, donde los reyes habían levantado sus Reales.

Uno de esos mensajeros llegó a  Arintero, pequeño pueblo con cien almas, situado al norte de la Vecilla en la Montaña Leonesa; que había alzado pendones por los Reyes Católicos.

Traía el mandato real, de que cada casa aportara un guerrero para luchar contra el ejército usurpador de Alfonso V, rey de Portugal, y Juana “ La Beltraneja”.

                                                                                                                   Juana La Beltraneja.                                                                                  

En seguida, los testigos del comunicado se dirigen a sus hogares a contar la noticia. A la casa del noble Conde Don García de Arintero, hombre de gran honor y lealtad al trono, llega una de sus siete hijas (fruto de su matrimonio con Doña Leonor), a la que interroga con premura. Y la hija le comunicó la noticia.

Él, que había peleado cien combates en las lejanas fronteras del Reino de Granada, era ya mayor y no podía acudir a la batalla con sus reyes, ni tenía un hijo varón al que mandar, lo cual le originaba un hondo pesar y le hacía lamentarse a todas horas. Por primera vez en siglos, ningún Señor de Arintero acudiría al llamamiento de la Corte.

Hasta que un día, Juana, la hija mediana, se levantó harta de tanta lamentación y dijo: “ Padre, no culpe usted a mi madre pues si alguien tuviera la culpa serían los dos. Pero no sufra más; déme armas y caballo que yo me haré pasar por un muchacho y lucharé por el honor de la familia como el más bravo guerrero. Y al final su padre accedió.

Fueron dos meses de duro trabajo. Dª Juana, la Dama de Arintero, aprendió a dominar el fiero corcel de guerra, a manejar la espada con destreza y a emplear la lanza como el más cumplido caballero.

Se habituó al peso de la armadura y a las fatigas del oficio de la guerra. Tras el duro aprendizaje, del débil cuerpo de la Dama surgió el noble y hábil Caballero Oliveros (su nombre de guerra), sus brazos se tornaron fibrosos y su tez se endureció.
Una mañana, al alba, el Caballero Oliveros dejó su solar de Arintero y se encaminó a unirse a las huestes reales. Bajo la armadura y cubierta con el yelmo, tenía la estampa del perfecto caballero y nadie sospechó cuando se presentó, en el campamento de Benavente, al escribano para formalizar su inclusión en las tropas reales.

Siguieron meses de marchas, contramarchas, combates y correrías en los que el Caballero Oliveros estaba siempre en primera línea, asestando poderosos golpes con su espada y alanceando a los enemigos sin retroceder nunca ante el peligro,  ganando, con ello, fama de caballero valiente y esforzado.

En febrero de 1475, las mesnadas reales llegaron a la vista de la rebelde Zamora. Pronto se inició el cerco de la ciudad. En los días siguientes comenzó el asalto de las murallas. Avanzando entre una lluvia de venablos y saetas, los sitiadores colocaron las escalas y se dispusieron a tomar la ciudad.

 La sangre corría en las almenas mientras el violento chocar de las armas acallaba las voces de los moribundos y heridos. La lucha proseguía tenazmente entre ambos bandos sin que hubiera atisbos de victoria.

Ya a punto de concluir la terrible jornada sin que los soldados reales hubieran expugnado la ciudad, varios caballeros, entre los que se encontraba el infatigable Caballero Oliveros, se apoderaron de una de las puertas principales de la muralla permitiendo el paso de las mesnadas leales.

Pronto el rumor de la lucha se apagó. ¡Por fin la ciudad se había rendido!. A cambio de su lealtad a los Reyes legítimos, D. Fernando y Dª Isabel concedían el perdón y confirmaban los fueros y privilegios.

                                                                                             Retrato Reyes Católicos.

Vencida la resistencia de Zamora, las huestes reales se encaminaron hacia Toro donde el Rey de Portugal había reunido un poderoso ejército.

                                                                                                  Alfonso V de Portugal.

El 1 de Marzo de 1475, en las campas de Pelea Gonzalo chocaron ambos ejércitos. A la segunda carga, la caballería castellana desbarató las líneas portuguesas y pronto la lucha degeneró en una terrible carnicería.

Las tropas reales perseguían con saña a los restos del ejército enemigo que se dirigía en franca huida hacia la raya de Portugal. El Caballero Oliveros, siempre en primera línea, había dado cumplida cuenta de dos caballeros enemigos y, en el fragor de la liza, dirigió su lanza contra un tercer caballero.

Ambos corceles galopaban rápidamente hacia el adversario. El choque fue terrible; las lanzas se quebraron y el caballero enemigo yacía ahora desmontado y malherido en el suelo, pero, en mala hora, la violencia del golpe había roto el jubón del Caballero Oliveros y un blanco seno de mujer se asomaba a la vista de todos.

“Hay mujer en la guerra” clamaron varias gargantas.

El rumor se extendió rápidamente y llegó a oídos del Almirante de Castilla, uno de los jefes de las tropas reales. El Almirante  después de la victoria se encaminó a la tienda Real para comentar tan sorprendente noticia al Rey. D. Fernando.
Tras el combate, el Rey, la mandó llamar a su tienda.  Juana le explicó el porqué de su presencia allí;  impresionado por su historia y  admirado del valor desplegado por la Dama de Arintero durante la campaña, no sólo perdonó la impostura, sino que concedió a Arintero y sus vecinos grandes y cumplidos privilegios.

Cundo le dijo que le concedería lo que pidiera; Juana le pidió libertad , pero el rey le dijo que ese derecho ya lo tenía.
 
Entonces Juana dijo: “En ese caso, señor, hay algo que me gustaría pediros. Mi tierra os sirve tan generosamente que se está quedando sin varones y tiene que enviar a sus mujeres a la guerra, no consintáis que se despueble y libradla de los azotes de la guerra. No os pido que la libréis de los justos tributos de dinero; libradla de los tributos de sangre; haced que todos sus naturales sean hijosdalgo, y ello engrandecerá el reino” . y el rey se lo concedió.

– Arintero sería ahora solar conocido de hijosdalgos notorios.
– En las tierras de Arintero y en veinte leguas a la redonda no podría exigirse contribución de   sangre o dinero; sus   vecinos quedaban exentos del pago de tributos reales y del servicio militar.
– Los miembros del linaje y solar tendrían el privilegio de presenteros de beneficios.
– Que fueran Presenteros en la parroquia de Santiago Apóstol.
– Que los Presenteros tuvieran derecho a ser obsequiados con yantar por el rector de la parroquia.
– Que el Presentero más viejo llevase la ofrenda de la caridad todo el año.
– Que su categoría de Hijosdalgos la tuvieran aunque cambiaran de residencia, y referido a todos los  vecinos de Arintero.
– Se concedía licencia real para celebrar todos los años fiesta y feria en el aniversario de la   victoria ante las tropas portuguesas.

Con los privilegios en mano firmados por el rey, la Dama de Arintero se dirigió a su casa.

Pero en esos momentos la reina Isabel le dijo al rey que tenían que actuar con prudencia en esos tiempos con respecto al los privilegios que le había concedido a la Dama de Arintero.. ¿Cómo la reina iba a consentir la concesión de privilegios, en unos momentos en que estaban desmochando castillos y bajando los humos a la levantisca nobleza? ; por ese motivo envia emisarios tras ella.

Aún armada con su cota de malla, su yelmo y su lanza, dirigíase la Dama de Arintero, tras serle concedida la licencia real, a su solar de Arintero llevando entre sus ropas las cartas reales de privilegios.

Tras tres días de cansado viaje a través de las tierras de Zamora y León, llegó la valiente Dª Juana al pueblo de La Cándana, (a 20 km de Arintero),en el valle del Curueño, cerca ya de su destino, donde se dispone a pasar la última noche del viaje en casa de unos parientes.

Escudo de la Dama de Arintero en una casa solariega de La Cándana.

Fatigada por el viaje y las largas jornadas a caballo, detúvose a descansar un rato mientras  contemplaba una partida de bolos leoneses.

Se dirige a casa de sus tíos donde va a pasar la noche y les enseña los derechos concedidos por el rey, todos se alegran.

Pero en ese momento le comunican que hay unos soldados que la buscan y que parece que traen malas intenciones.

Juana da el papel con los derechos firmados por el rey a su primo para que se los entrege a su padre que el sabrá donde guardarlos, ya que ella sabía que los soldados venían a por eso, y se dispuso a luchar contra los rufianes.

 
Una partida de seis soldados se presentaron  en el pueblo para pedirle los documentos. “De buen grado o por la fuerza, dadnos los documentos reales”, clamó el jefe de la partida mientras los otros cinco soldados rodearon a la Dama.

“Por la fuerza ha de ser” gritó la Dama, mientras desenvainaba su espada y hacía frente a los soldados que la acometían al unísono. Haciendo honor a la fama del esforzado caballero Oliveros, defendíase la Dama de los asaltos de sus enemigos hasta que, vencida por el número pero no por que flaqueara su coraje, cayó herida mortalmente, haciendo honor a su linaje.

                                                                         Actualmente, un blasón de la Dama recuerdan en La Cándana el lugar donde los traidores la alcanzaron.

Muchos cantaron su valerosa muerte; aunque otros dicen que escapó y posteriormente contrajo matrimonio con un noble asturiano…lo que si bien es cierto es que cumplió su misión a la perfección y ello lo atestigua un escudo que aún se encuentra en Arintero con la siguiente inscripción:

SI QUIERES SABER
QUIEN ES ESTE VALIENTE
GUERRERO QUITAD LAS
ARMAS VERÉIS SER
ES LA DAMA DE ARINTERO
CONOCED LOS DE
ARINTERO VUESTRA
DAMA TAN HERMOSA
PUES QUE COMO
CABALLERO CON SU REY
FUE VALEROSA.
“La Cándana, pueblo triste
porque en tu recinto viste
morir la luz de Arintero.
Toda la montaña llora
la alegría de tus muros
y, en la Dama, a quien adora
mira sus timbres más puros”.
   F.D.O.

      Catt69.

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