Los ovarios de la Monja Álferez. XXIII.

Publicado: 25/02/2011 en Uncategorized

Catalina de Erauso nace según  partida bautismal, el 10 de febrero de 1592 en San Sebastián, como hija legítima del caballero Don Miguel de Erauso y Doña María Pérez de Galárraga y Arce.

Siendo niña, ingresa junto con algunas de sus hermanas en el convento de las Dominicas en San Sebastián,  su tía es la priora.

La vida sedentaria y sumisa, no se  adapta al temperamento inquieto y belicoso de Catalina y así, estando a punto de profesar, se fuga tras una pelea con otra monja, la viuda Catalina Aliri.

En sus memorias, Erauso cuenta cómo tras salir a la calle “que nunca había visto y sin saber por dónde echar ni adónde ir” se refugia en un bosque cercano, arroja su hábito “por no saber qué hacer con él”, corta sus cabellos y se viste de hombre.

Su nueva identidad varonil (adoptó diferentes nombres  como Pedro de Orive, Francisco de Loyola, Alonso Díaz, Ramírez de Guzmán o Antonio de Erauso), le abre las puertas a una existencia diferente, libre y aventurera, tan  anhelada por ella  y que estaba reservada únicamente a los hombres en esta época.

Contaba entonces 15 años de edad; anduvo de pueblo en pueblo y llegó hasta Valladolid; desde allí volvió a Bilbao; trabajó como criado o paje de diferentes personalidades como el catedrático Francisco de Cerralta o Juan de Idiaquéz, secretario del rey.

Tras múltiples andanzas, llega a Sanlúcar de Barrameda y   decide embarcar como grumete en el galeón de su tío, Esteban Eguiño, en la flota de Don Luis Fajardo;  partiendo a América el lunes santo del año 1603.

La nave llega a Cartagena de Indias, y tras un breve periplo por la costa, espera  partir de regreso a España en la ciudad de Nombre de Dios, en el istmo de Panamá.

Catalina  deserta de la vida marinera, roba quinientos pesos a su tío y se queda trabajando como mancebo de un comerciante, Juan de Urquiza, con el cual parte hacía Trujillo.

Allí mata a un hombre en duelo y huye a Lima,  donde trabaja como criado del rico mercader, Diego de Lasarte, el cual, segun ella escribe “al cabo de nueve meses dijo que buscase mi vida en otra parte.

La causa es que tenía en casa dos doncellas, hermanas de su mujer con las cuales, y sobre todo con “una que más se me inclinó, solía yo jugar y triscar”. No será esta la última vez que Catalina muestre en sus memorias una clara inclinación hacía el género femenino.

A raiz de este incidente se alista en el ejército y parte hacia Chile, donde se encuentra con su hermano, Miguel de Erauso, secretario del gobernador Alonso de Ribera.

Sigue disfrazada de hombre (empleó un unguento que le quemó y redujo sus pechos) y comienza una vida violenta de espadachín agresiva y pendenciera, venció multitud de duelos contra rudos hombres, a veces más de uno, como el famoso “Nuevo Cid” y sus amigos.

Ésta actitud le trajo muchos problemas, de uno de ellos se libra al casarse con Doña Beatriz de Cardenas; pero debido a los constantes acosos de esta, por hacer el amor, hubo de fugarse.

En esa época mató al auditor general en una casa de juego; prófuga de la justicia, pasa seis meses de carcel; luego su vida continúa entre borracheras y pendencias.

Miguel su hermano, sin reconocerla, la emplea en el servicio de su casa donde permanece casi tres años, durante ese tiempo anda liada con su esposa. En sus memorias confiesa más aventuras lésbicas, como cuando una ventera la sorprende “andándole a la hija entre las piernas”.

Un día siendo padrino en un duelo, mata por error a su hermano  Miguel (posible venganza por la posesión de la esposa  de éste) y  es desterrada a Paicabí, plaza militar que los españoles poseían en territorio indio para hacer la guerra a los indomables  araucanos.

Encontró lugar en una expedición a Chile a las ordenes del Capitan Gonzalo Rodríguez, combatiendo por 3 años contra los indios siendo herida varias veces por flechas, era muy reconocida por su heroísmo, aunque también despiadada.

En una ocasión, se topa en un enfrentamiento con un indígena ya cristiano, Francisco Quispiguaucha, lo derriba de su caballo, cuando este se rinde, manda inmediatamente a colgarlo de un arbol.

En 1619, al servicio de la corona, luchó en la Guerra de Arauco contra los mapuches en el actual Chile, ganándose la fama de ser valiente y hábil con las armas,  tal y como afirman sus coetáneos; “con desprecio de su vida se lanzó en medio del campo enemigo en los llanos de Valdinia, mató al cacique que mandaba y recuperó la bandera del Rey”.

Esta acción le mereció el grado de alférez en las compañías del capitán Alonso Moreno, cargo que tuvo por cinco años”; para ocultar su verdadera identidad durante los dias del periodo, desaparecía de su compañía  y se iba al monte.

Sus memorias continúan en este punto relatando un vagar incesante por diversas ciudades a lo largo de buena parte de la geografía de Bolivia y Perú, entre innumerables trifulcas debidas a la bebida o deudas de juego.

En  La Paz  otra correría iba a sacarle de su aturdimiento. Estando tremendamente aburrida y sin encontrar trabajo, un día se detuvo en la puerta de Don Antonio Barraza, corregidor de la ciudad, a charlar con un criado de este.

Probablemente estaría bebida y comenzó a discutir fuertemente con el criado, quien le dio con el sombrero en el rostro. Llevando aquella seudoagresión al extremo, Catalina sacó la daga y lo mató allí mismo.

Toda la gente que fue testigo de aquel asesinato a sangre fría se arrojó furiosa sobre Catalina. La golpearon, la hirieron y lograron reducirla, llevándola los alguaciles a la cárcel.

Mientras era curada de sus heridas continuó el proceso adelante. Con tantos testigos del asesinato y viendo su historial de otros encausamientos, fue condenada a muerte sin derecho a apelar.”

Siendo condenada a muerte, en su última petición, solicita comulgar (por consejo de un cura franciscano que estuvo en prision con ella), arrebata la Hostia de un manotazo y amenaza con arrojarla al suelo, si no es liberada. Con la promesa de solo ser expulsada de la region, entregó el Santo Símbolo y se fue a Cuzco.

Sus continuas fechorías facilitan el cerco de las autoridades.En 1623 en Guamanga, Perú, a causa de una disputa, resultó herida de gravedad siendo descubierta  y perseguida por el corregidor Baltasar de Quiñones.

Tras buscar refugio en una Iglesia, confesó su condicion al Obispo fray Agustín  de Carvajal, quien incrédulo, mandó a revisar a dos matronas que certificaron su condicion de mujer y virgen.

El Obispo, la toma bajo su proteccion, internándola en el convento de Santa Clara. La vida de la monja soldado cambia para transcurrir de nuevo entre el convento y la visita a distintas autoridades, ya que al haberse hecho público su descubrimiento, muchos eran los que querían conocer de primera mano a la monja guerrera, creciendo rápidamente su popularidad a ambas orillas del Atlántico.

                                                                               

En el año 1624 Catalina decide embarcar de nuevo hacía la península con el objeto de solicitar al rey una pensión por sus servicios militares.

En este viaje, a bordo de una de las naves de la armada de Tomás de Larraspuru, redacta la primera relación verdadera de las grandes hazañas y valerosos hechos que una monja hizo en veinte y cuatro años, de servicios en el reino de Chile y otras partes; al Rey nuestro señor, como soldado y los honrosos oficios que tuvo ganados por las armas, sin que la tuvieran por mujer hasta que fué descubrierta a la fuerza.

Esta autobiografía será numerosas veces recompuesta por la propia heroína, que en los próximos años se dedicará a recrear sus aventuras y engrandecer su leyenda.

Catalina desembarca en Cádiz y, tras pasar por Sevilla, se dirige a Madrid. La expectación era grande  y los comentarios jugosos en la Corte. No en vano, Juan Pérez de Montalbán, con motivo de esta visita y con gran éxito, extrena una comedia basada en su historia y titulada precisamente La monja alférez.

El Rey Felipe IV la recibe y escucha atentamente; fascinado por su historia, ordena que se le mantenga su graduación militar (llamandola monja alférez), a la vez que le permite emplear su nombre masculino y se le concedan 30 raciones de alferez, 30 ducados y una pensión de 800 escudos.

El relato de sus aventuras se extendió por Europa, y Catalina visitó Roma donde fue recibida por el papa Urbano VIII. El pontífice la autorizó a continuar vistiendo de hombre.

A continuación fue a Nápoles, donde también su presencia suscitó admiración. Paseando por el puerto de aquella ciudad, refiere ella misma en sus memorias, unas jovencitas acompañadas de unos mozalbetes quisieron burlarse de ella, diciéndole: “Signora Catalina, dove si cammina?” A lo que ella respondió: “A darles a ustedes unos pescozones, señoras putas, y unas cuchilladas a quien se atreva a defenderlas.”

Andando el tiempo, la monja alférez siente nostalgia de las tierras americanas y hacia el 1630 embarca de nuevo para instalarse en México. En su viaje escolta a una doncella de la que parece enamorarse seriamente, algo que le traerá no pocos problemas, pues la dama viajaba a América precisamente para casarse con su prometido.

Instalada en México  regenta un negocio de transporte de mercancías entre Ciudad de México y Veracruz. Murió transportando una carga en un bote, en torno al año 1650 en la ciudad de Cuatxala; aunque hay quien escribe que su fallecimiento ocurrió en los altos de Orizaba, sola entre sus asnos.

Catalina escribió o dictó un libro con sus reeditadas memorias, que fueron publicadas bastante tiempo después (1829) en París. A continuación se tradujeron a varios idiomas y se hicieron versiones del tema, como la idealizada de Thomas De Quincey, titulada en inglés The Ensign Nun.

Hay más obras como las de  Mª del Carmen Ochoa y Armonía Rodríguez de los años 60, y más recientemente, las novelas publicadas por Ricard Ibáñez y Juanita Gallardo; además existen dos películas “La monja alférez” dirigida por Javier Aguirre (1986) y  “La monja alférez” realizada por Clasa Films, de Méjico  en 1944, dirigida por Emilio Gómez Muriel y protagonizada por María Félix.

Nota:
Realmente fascinante, todo un carácter esta mujer, ummmmmm. Solo añadir cuatro palabras más.

“La vida es corta, rompe las reglas, perdona rápidamente, besa lentamente, ama de verdad, ríe incontrolablemente y nunca lamenta nada de lo que te hizo sonreír”. 
 
            F.D.O

                 Catt69.

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