Los cojones del Tercio de Castelnuovo.XXI.

Publicado: 24/02/2011 en Uncategorized

Corria el año 1538 y los turcos, el entonces invencible Imperio Otomano, se extendía imparable amenazando Europa y a toda la cristiandad.

El sultán Solimán el magnífico se había revelado como estratega incomparable, haciendo retroceder a los cristianos de Prevesa iniciando lo que parecía una segura conquista de todas las islas del Mediterraneo y el centro del continente europeo.

                                                                                         

En el Mediterráneo una ofensiva cristiana intentó eliminar el peligro que suponía la gran flota turca.

En 1535 D. Álvaro de Bazán y Andrea Doria conquistaron Túnez expulsando al temible almirante turco Khair ad Din conocido por toda la cristiandad  como Barbarroja.

Llamado a Estambul, Solimán le puso al mando de una gran flota y ejercito con orden de hacer la guerra a los infieles y controlar el Mar Mediterráneo.

Barbarroja, en 1537 capturó y saqueó las ciudades italianas de Otranto, Ugento y la fortaleza de Castro en la provincia de Lecce, justo en el tacón de la bota italiana.

Además capturó las islas de Syros, Aegina, Ios, Paros, Tinos, Karphatos, Kasos, Naxos y Corfu.

Esta fulminante campaña llevó a la desesperación a los venecianos que veían desaparecer todas sus bases en el Mediterráneo y su comercio arruinado.

Defendiendo sus intereses iniciaron una vigorosa campaña para la creación de una “Santa Liga” que recuperara los territorios arrebatados y expulsara al turco del mar.

El papa Pablo III hizo suya la idea y consiguió en febrero de 1538 la creación de una liga que aglutinara al propio Papado, la República de Venecia, Carlos V, el archiduque Fernando de Austria y los caballeros de la Orden de San Juan de Malta.

                                                                                

Carlos V reunió Cortes en Toledo para recaudar fondos pero se encontró con la resistencia títulos y señores de vasallos que no veían ganancias.

El emperador culpó del fracaso al Condestable de Castilla D. Pedro Fernández de Velasco y se quejó de él y ante él.

Este respondió con toda la cortesía debida a su señor pero firme en la resolución tomada.

Carlos, furioso amenazó con agarrarle por el pescuezo allí mismo y arrojarlo por la ventana ( Prudencio de Sandoval habla de arrojarlo del corredor en el que se hallaban ),el Condestable respondió “ Mirarlo ha mejor Vuestra Majestad, que si bien soy pequeño, peso mucho en Castilla”.

La flota constaría de 200 galeras más otras 100 naves auxiliares y el ejercito de 50.000 infantes y 4.500 de a caballo. Pero la guerra es muy cara y no fue fácil reunir las fuerzas requeridas.

No se consiguieron esas cifras, apenas unas 130 galeras y un ejercito en torno a los 15.000 infantes, la mayoría de ellos españoles.

El mando de la flota estaba disputado entre los comandantes de los diversos contingentes, aunque nominalmente lo tenía Andrea Doria, ya que Capello y Grimaldi, comandantes de las flotas papal y veneciana, prácticamente duplicaban la mandada por Doria.

Como comandante de la tropa nadie discutía la autoridad del virrey de Sicilia, Hernando Gonzaga.

Las divergencias en el mando de la flota hicieron mucho para restarle efectividad frente a un enemigo de la talla de Barbarroja, como se vio tras la batalla de Previsa en el golfo de Arta, pero aportaron el apoyo a las tropas de infantería que desembarcaron en la costa de Dalmacia y capturaron la ciudad de Castelnuovo.

Esta pequeña ciudad, situada en la actual Republica de Montenegro, era una fortaleza estratégica entre las posesiones venecianas de Cattaro y Ragusa, en la zona denominada Albania Veneciana.

Por ello Venecia inmediatamente reclamó para si la propiedad de la ciudad. Carlos V no estaba dispuesto a cederla y este sería el principio del fin de la Liga Santa.

La ciudad de Castelnuovo fue guarnecida con un Tercio de tropas veteranas españolas.

Para ello el antiguo Tercio de Niza, sucesor del Tercio de Málaga creado en 1536, fue disuelto y formado como Tercio de Castelnuovo quedando como Maestre de Campo el veterano Francisco de Sarmiento.                

Este tercio estaba castigado por un motín que tuvo a principios de año en la Lombardía. Por falta de paga las tropas que allí se encontraban crearon disturbios que tuvo que apaciguar el marques del Vasto con dineros que recaudó en esa tierra y buenas palabras entre la tropa.

Este, por orden del emperador Carlos V, envió la mitad de los amotinados al mando del maestre de campo Morales a Hungría junto con el archiduque Fernando, hermano del emperador, para ayudarle en las operaciones de hostigamiento que allá se iban a llevar a cabo contra el Turco. La otra mitad la puso bajo el mando de Francisco de Sarmiento.

                                                                                       

La composición del Tercio de Castilnovo. Lo formaban 12 compañías de infantería española de 300 hombres cada una.

Reforzaba el Tercio ciento cincuenta de caballería ligera que Prudencio de Sandoval en su “Historia de la Vida y Hechos del Emperador Carlos V” llama “ caballos capeletes”.

La artillería la mandaba el capitán Juan de Urrés y se componía de quince artilleros. Un pequeño contingente griego de tropa y caballeros con Ándres Escrápula y el caballero Jorge daban un total cercano a los 4.000 soldados.

También quedó en Castelnuovo el capellán genovés de Andrea Doria, de nombre Jeremías, a quien hicieron obispo de la ciudad junto con unos cuarenta mercaderes y clérigos.

El motivo de tener una guarnición tan numerosa estaba en el propio objetivo de la “Santa Liga”: Castelnuovo habría de ser la cabeza de playa de una ofensiva de los cristianos contra el corazón del Imperio Otomano.

Pero el destino de las tropas que se hallaban en la fortaleza dependía por completo del apoyo de la flota y esta solo se mantendría si se daban dos condiciones: que Barbarroja no los derrotara y que la “Santa Liga” permaneciera unida.

Y ambas opciones no se dieron. Primero la flota yá había sido derrotada por Barbarroja en Prevenza antes de la toma de Castelnuovo, en dicha jornada el capitán Machín de Monguía y sus trescientos vizcaínos se cubrieron de gloria al resistir durante todo el día a la flota enemiga.

En segundo lugar Venecia ya se encontraba arrepentida y no tardaría en retirarse de la “Santa Liga” pactando, más tarde, con el Turco un acuerdo desfavorecedor.

Sin las naves de Venecia la flota combinada no tenía oportunidad frente a la flota turca, más numerosa y con un comandante de la talla de Barbarroja secundado por el propio Dragut.

                                                                                                    

 EL Sitio.

Solimán mandó orden a Barbarroja que recompusiera la flota durante el invierno, la rearmara y la tuviera lista para la primavera.

Entonces embarcaría diez mil infantes y cuatro mil jenízaros para lanzarlos contra los defensores de castelnuovo.

Las fuerzas de Barbarroja, que llegaban a veinte mil bloquearían la ciudad mientras por tierra la sitiarían las fuerzas del gobernador de Bosnia, un persa de nombre Ulamen, con treinta mil soldados.

Envió, en junio, como avanzada treinta galeras para bloquear la salida del golfo de Cataro.

Estos llegaron el 12 de julio y ese mismo día desembarcaron mil soldados con intención de hacer aguada, de la que estaba la flota necesitada, y capturar a algún soldado o habitante que les proporcionara información.

Mientras estaban en estos menesteres veinte arcabuceros españoles hacían balance de la fuerza de la flota y de las tropas desembarcadas, comunicaron la información a sus oficiales y antes de la hora de comer los turcos fueron atacados por tres compañías mandadas por Machin de Monguia junto con la caballería de Lázaro de Corón.

Tras un violento combate los turcos fueron echados al mar. Esa tarde desembarcarían más gentes de armas para encontrarse con el propio Francisco de Sarmiento que, junto a los capitanes Álvaro de Mendoza, Olivera y Juan Vizcaíno, con seiscientos soldados les estaban esperando.

Mataron a trescientos y les tomaron treinta prisioneros obligando al resto a reembarcar. El día 18 de julio de 1539 llegó la flota de Barbarroja que inmediatamente empezó a desembarcar tropas y artillería, esperando la llegada de Ulamen que se presentó pocos días después.

Durante cinco días estuvieron construyendo trincheras y baluartes para las cuarenta y cuatro piezas de artillería que tenían entre el campamento de Barbarroja y el de Ulamen que estaba situado al norte. Allanaron el campo hasta Castelnuovo para facilitar las operaciones.

En este tiempo no estuvo ociosa la guarnición que hizo varias salidas haciendo pagar caro en vidas las obras que se hacían. En una de ellas moriría Agi, uno de los capitanes favoritos de Barbarroja.

La ciudad también sería batida por mar ya que habían embarcado diez piezas de artillería en otras tantas galeras.

Ocurrió que los jenízaros decidieron dar una escaramuza pero fueron sorprendido por una fuerza de ochocientos españoles que los desbarataron dejando el campo sembrado por los cadáveres de cientos de jenízaros.

Enterado Barbarroja de lo que había sucedido tuvo un arrebato de cólera ya que las perdidas de este cuerpo selecto no eran fáciles de reponer y sumados a los casi mil muertos que habían tenido había que unir otros tantos heridos.

Esta fue una humillación que le escoció mucho y para evitar que se repitiera dio ordenes tajantes prohibiendo que se hicieran escaramuzas como la que tan mal había acabado.

Sarmiento había aprovechado los meses que tuvo para acondicionar las defensas de la ciudad, reparar las murallas y los baluartes, construir  otros nuevos y reforzar los que tenían necesidad de ello, pero no pudo hacer demasiado al carecer de medios para ello ya que no se planteó la fortificación de la ciudad por ser esta el punto de partida de un ataque general y no querer que la construcción alertara al turco para un ataque inmediato.

Además envió al capitán Alcocer a España, a Pedro de Sotomayor a Sicilia y al capitán Zambrana a Brindisi. Todos tenían orden de presentar las necesidades de la guarnición de socorro y trabajar en que este fuera enviado lo antes posible. No consiguieron nada y Sarmiento perdió el apoyo de tres buenos capitanes.

El día 23 de julio, teniendo Barbarroja su campamento y ejercito preparado, la artillería lista y con una enorme superioridad frente a la guarnición que se hallaba aislada y sin posibilidad de recibir apoyo o suministros, hizo una oferta a los españoles que dentro había.

Las condiciones de la rendición eran honrosas: se les facilitaría el paso hasta Italia de todas las tropas, conservarían las armas y saldrían de la ciudad con las banderas desplegadas que conservarían, además, añadía el incentivo de dar 20 ducados a cada soldado.

Lo único que pedía era que abandonaran la artillería y la pólvora.

Dos cabos de escuadra de la compañía del capitán Vizcaíno; Juan de Alcaraz y Francisco de Tapia, que lograron regresar a Nápoles y dejaron escrito el relato de los sucesos toman a hora la palabra:-“ …el maestre de campo consultó con todos los capitanes, y los capitanes con sus oficiales, y resolvieron que querían morir en servicio de Dios y de S.M., y que viniesen quando quisieren”.

Frente a ellos, que para entonces sumaban poco más de tres mil, un ejercito de cincuenta mil más la marinería de la flota.

Aislados, sin posibilidad de recibir refuerzos o suministros, mucho menos ser liberados por amigos. Escasos de pólvora, alimentos y munición y ante la generosa oferta la respuesta es: – ¡Que vengan cuando quieran!.

El día 24 se inició el gran asalto de la ciudad y todo el día duro el combate que debió de ser muy caro en vidas ya que los turcos utilizaron al tiempo infantería y artillería causando esta última bajas entre los propios turcos.

Durante la noche los españoles trabajaban para reforzar las defensas y albarrar las brechas. Al continuar el ataque el día 25, festividad de Santiago Apóstol, el obispo Jeremías se probó como bueno al permanecer con la tropa animándolos y confesando a los heridos haciendose presenteen todo el  perímetro atacado.

                                                                                         

Seis mil muertos quedaron en el campo por parte del enemigo, muchos menos los de los defensores, Prudencio de Sandoval menciona cincuenta pero es probable que bastantes fallecieran en sucesivos días por sus heridas así mismo el número de heridos debió de ser elevado para tan reducida guarnición.

Firmes permanecieron las defensas tras los terribles combates y los sitiados lejos de sentirse deprimidos por lo desigual de la lucha parecían enardecerse cada vez más al punto que Sarmiento, como comandante prudente, tenía que refrenar sus ánimos.

Decidieron los españoles, y aprobó su comandante, hacer una escaramuza ya que era practica en la que estaban muy duchos y así llevar la guerra al campamento enemigo. Una mañana salieron seiscientos contra los sitiadores cogiendolos desprevenidos.

En algunos puntos no pudieron contenerlos y se creó el pánico, incluso entre los jenízaros, por lo que atropellaron su propio campamento derribando las tiendas incluida la del propio Barbarroja.

La guardia de este pensando que los cristianos podían hacer prisionero a su señor lo agarraron en volandas y sin hacer caso de sus protestas lo llevaron hasta las galeras junto con el estandarte del sultán que pendían frente a la gran tienda.

Barbarroja blasfemaba y no precisamente en arameo por el resultado del ataque de los españoles cuando un judío ropavejero natural de Nápoles le hizo ver que el eje de la defensa era un castillejo que se hallaba en la zona alta.

Por ello decidió cambiar la estrategia: durante los siguientes días la mayor parte de la artillería se concentraría en el castillejo del alto, el resto de los cañones continuaría castigando los frágiles muros de la ciudad.

El 4 de agosto se decidió al asalto de los restos del castillo. Este se encontraba completamente desecho y sus casamatas arruinadas. Al ser un punto principal para la defensa Sarmiento había ido reforzando durante los días anteriores la guarnición y retirado a los heridos que cada vez eran más.

Al amanecer se inició el asalto y el combate duraría la mayor parte del día. Los defensores se animaban los unos a los otros y allí volvió a destacar la figura del capitán Machin de Monguía; dirigiendo, atacando, defendiendo, animando…

                                                                                       

Al caer la noche los restos de la guarnición se retiraron con sus heridos a la muralla abandonando el castillo en poder del enemigo, pero este era un montón de ruinas sin utilidad alguna.

La jornada había sido muy cara en vidas. De los oficiales de la guarnición del castillo solo volvieron Masquefá, Monguía, Haro y el alférez Galaz, todos los demás habían caído con las armas en la mano.

Estaba Barbarroja muy preocupado contemplando el alto precio pagado por un castillejo cuando llevaron hasta él a tres desertores; dos españoles de nombre Cortina y Ocaña y un portugués apellidado Vázquez.

Estos animaron al almirante a continuar con los asaltos ya que los españoles habían tenido muchas bajas, la mayoría estaban heridos y todos estaban agotados por los combates del día y los trabajos de reconstrucción que se llevaban a cabo durante las noches.

Además, insistieron, no tenían apenas pólvora y munición. Contaron que cierto soldado, bastante necio, que estaba muy mal enquistado con el contador Luis López de Córdoba viendo que este estaba sentado sobre un barril de pólvora mientras repartía las raciones prendió la mecha.

Del pobre contador no debió quedar ni las raspas, lo mismo que los que estaban cerca ya que se prendió mucha pólvora.Y sinceramente espero que se abrasara también el estúpido que provocó el desastre.

¡ Que típico es esto de mantener nuestros rencores incluso cuando más necesidad hay de estar todos juntos contra un enemigo común!.

El 5 de agosto se inició un nuevo ataque contra la muralla. Barbarroja, después del informe de los desertores, estaban muy seguro de poder tomar  Castelnuevo muy pronto y por ello lanzó a los jenízaros y ordenó desmontar a la caballería para que se uniera al ataque general.

Cuanto más presionaban los atacantes mas empeño ponían los defensores en echarlos sabiendo que les iba en ello la vida y que no podían esperar clemencia del enemigo.

El día terminó con la perdida de una torre de la muralla que había caído en poder del enemigo y desde donde ondeaba su bandera. D.Francisco de Sarmiento enterado de la perdida de la torre ordenó que se preparase una mina para  echarlos de allí.

Pero esta debía estar mal hecha o se derrumbó tierra encima de ella ya que la deflagración no salió para arriba sino por donde la habían colocado. Murieron abrasados los soldados que la pusieron y el minador, un zaragozano de nombre Miguel Formín.

El día 6 de agosto amaneció con un fuerte aguacero que acabó de arruinar los restos de la muralla. Pero lo peor es que también arruinó las mechas de los arcabuces y de la pocas piezas de artillería que tenían junto con la última pólvora.

Ese día se combatió con la espada, la pica y el cuchillo y en común tenían los soldados de ambos bandos que en la muralla morían y que luchaban como lobos.

Para entonces solo estaban en la enfermería los moribundos, todo aquel que pudiera empuñar un arma se arrastraba hasta el combate prefiriendo morir en la lucha que esperar ser asesinado en el lecho.

El día 7 fue el del asalto definitivo. Francisco de Sarmiento iba a caballo, tenia tres flechazos en la cara y cabeza por lo que apenas podía moverse, animando a los supervivientes. Todos eran sabedores que el fin se acercaba y ese era el último día de lucha.

La ciudad ya no tenía murallas, estas estaban rotas y caídas. Era imposible tratar de mantener unas murallas que ya no existían y cada vez quedaban menos soldados sanos por lo que Sarmiento dio la orden de retirada a los 600 supervivientes y estos e retiraron; “..escuadrón tras  escuadrón..”.

La idea de Sarmiento era refugiarse en el castillo de la parte de abajo de la ciudad, donde se hallaba refugiada la población. Paso a paso fueron retirándose con perfecto orden y disciplina sin perder la cara al enemigo.

Cuando llegaron a la gran plaza que se halla enfrente del castillo bajo, Sarmiento se encontró que la puerta de esta estaba cerrada.

Al pedir que abrieran para permitir el paso de los soldados le contestaron que no podían hacer tal cosa por estar esta tapiada pero que podían bajarle una cuerda para izarle.

-“ Nunca Dios tal quiera que yo me salve y los compañeros se pierdan sin mi”. fue la respuesta y partió a reunirse con los capitanes Juan Vizcaíno y Sancho Frias que no lejos combatían. Para entonces estaban los españoles rodeados y luchaban “..espalda contra espalda”.

El documento testimonio de los dos cabos de escuadra supervivientes relata con sobriedad los últimos momentos del combate:
-“ ..Y Francisco Sarmiento andaba  a caballo y bien herido. Y queriéndolo (salvar) no quiso, y dio espuelas a su caballo, y metióse peleando en la mayor furia de los jenízaros. Que no se halló muerto ni vivo, ni saben qué se hizo”.

 Cayó Castelnuovo, en el asalto murieron casi todos los jenízaros y dieciséis mil de otras unidades. De las tropas españolas apenas doscientos quedaron con vida, muchos de ellos heridos.

Uno de los prisioneros era el valiente vizcaíno Machin de Monguía, enterado de ello Barbarroja le ofreció la libertad y un puesto en su ejercito, pues le admiraba mucho por su acción en la batalla de Previsa.

La respuesta exacta del bravo soldado la desconocemos pero no cual era ya que Barbarroja ordenó que fuera degollado sobre el espolón de la galera almiranta.

También fueron degollados la mitad de los prisioneros para dar contento a la tropa, furiosa por las perdidas que habían sufrido para tomar la ciudad, junto con todos los religiosos.

Seis años después de estos sucesos, el 22 de junio de 1545, entró en el puerto de Mesina una galeota de la que desembarcaron un grupo de prisioneros escapados de  prisiones de  Constantinopla.                                                                                                                                                                                        

Entre ellos había veinticinco supervivientes de Castelnuovo: el castellano de la ciudad Luis de Godoy; Juanes de Joya, capitán; Juan Milló, alférez; el sargento Salazar; Diego de Quiñones; Martín de Alarcón; Diego de Alarcón; Antonio de Quesada; Andronico de Espinosa; Domingo de Cádiz; Juan de Andujar; Francisco de Baeza; Juan de Illanes; Juan de Madrid; Juan Catalán; Jaime Mallorquín, Pedro de Tarragona y Hernán Carrillo; Feliche; Hurtado; Montilla; Cabrera; Villagómez; Mendoza y Andrés (quizás falte alguno y sobre otro, haber si alguien tiene una relacción completa y exacta).

                                                                                      

La defensa de Castelnuovo fue cantada por poetas y alabada por toda Europa.

Los soldados que participaron en este desigual combate fueron comparados con héroes mitológicos o de la historia clásica y dándolos ya por inmortales ya que la magnitud de la hazaña hacía imposible que se olvidaran de ellos.

 Soneto 217 de Gutierre de Cetina (1520-57) titulado : “A los huesos de los españoles muertos en castelnuovo”

“Héroes gloriosos, pues el cielo

os dio más parte que os negó la tierra,

bien es que por trofeo de tanta guerra

se muestren vuestros huesos por el suelo.

Si justo es desear, si honesto celo

en valeroso corazón se encierra,

ya me parece ver, o que sea tierra

por vos la Hesperia nuestra, o se alce a vuelo.

No por vengaros, no, que no dejastes

A los vivos gozar de tanta gloria,

Que envuelta en vuestra sangre la llevastes;

Sino para probar que la memoria

De la dichosa muerte que alcanzastes,

Se debe envidiar más que la victoria.

Capitanes de las 12 compañías del Tercio de Castilnovo.

1. MdC Francisco Sarmiento de Mendoza y Manuel.

2. Machín de Munguía y Millán, ex capitán del tercio de Málaga, Niza, Garcilaso o Vargas, por todos estos nombres fue conocido en su corta vida.

3. Luis de Haro, que habia sucedido en la compañía de Pedro de Vijea, del Tercio de Málaga.

4. Juan Vizcaíno y Mendoza, formada con parte de los reformados de Lombardía en agosto de 1538.

5. Pedro Silva, formada con los reformados de Lombardía en 1538.

6. Sancho de Frías, formada con los reformados de Lombardía en 1538.

7. Juan Pérez de Zambrana, nacido en Borgoña (Franco Condado), ex capitán del tercio de Málaga.

8. Luis Cimbrón o Zimbrón, abulense, ex capitán del tercio de Málaga y padre de Toribio Cimbrón, que también sería capitán con el duque de Alba    en Flandes.
Murió en Castilnovo, dándose su compañía a Francisco de Olivera, natural de Mondéjar, que cayó prisionero y     fue cautivo. Fue de los   que consiguió escapar en la galeota turca de la que se apoderó el baezano Juan Periche de Cabrera en 1546.

9. Domingo de Arriarán, ex capitán del “Tercio del Reyno” o de Nápoles, reformado disciplinariamente en Lombardía en agosto de 1538.  Su compañía se salvó de la disolución por no hallarse culpado en los fraudes reiterados cometidos por los demás capitanes de su tercio,   excepción que también alcanzó al conde della Novellara, napolitano, que fue destinado con la suya al de Lombardía.

10. Pedro Ruiz Gallego, que sucedió en la compañía de Luis de Alcocer, formada con los reformados de Lombardia en 1538, al obtener éste licencia     para regresar a España.

11. Juan Pérez de Bocanegra, ex capitán del tercio de Málaga. Murió el 25.X.1538 en la primera escaramuza ante Castilnovo y se dio su compañía a    Pedro de Sotomayor.

12. Jaime de Marquesa o Marquina, también preso y cautivo, fue otro de los que consiguió escapar con Periche de Cabrera.  Aun no se ha establecido plenamente su identidad dado que en algunas muestras aparece como Marquesa, pero en la amplia relación sobre su huída    de Constantinopla consta inequívocamente como Marquina.

 Mariano y Zp que se os atraganta la piruleta, jaja.

        F.D.O.

               Catt69.
 

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