Los árabes no invadieron España. LVI.

Publicado: 22/01/2011 en Uncategorized

 Algunos historiadores cuestionan la versión católica según la cual el islam se implantó violentamente en España, después de una invasión árabe, en el año 711. Estos  argumentan que el islam ni se impuso ni era ajeno a los hispanos, lo abrazaron libre y mayoritariamente.

La invasión del islam fue promovida por la Iglesia para encubrir su derrota ante los cristianos unitarios, seguidores del arrianismo que predicó Prisciliano.

¿Ocurrió la historia tal y como nos la han cantado? ¿Es posible que, en el siglo VIII , un ejército musulmán cruzara el estrecho de Gibraltar, derrotara a las tropas visigodas y avanzara victorioso hasta someter casi todo el territorio peninsular?.

Los documentos de la época no contienen referencias a aquella terrible invasión. Las primeras noticias aparecen en las crónicas latinas y musulmanas del siglo IX, a seis generaciones (ciento cincuenta años) de los hechos; cuando el islam estaba ya firmemente arraigado en la península.

Algunos investigadores, concluyen que el mito ha pervivido, contra toda lógica, porque a los católicos les ha interesado mantenerlo; encubría ante el pueblo su fracaso social y religioso.

La guerra civil que estalló en la Península Ibérica a principios del siglo VIII, explicada como conflicto político y disfrazada más tarde como invasión de una potencia extranjera, tuvo su origen en hechos que se remontan a cuatro siglos antes; enfrentamientos entre dos corrientes cristianas.

Los unitarios o arrianos, negaban que el Hijo fuera igual al Padre (según esta premisa, Jesús no era Dios)  y los trinitarios, adheridos al dogma de San Pablo, mantenían que hay tres personas distintas (Padre, Hijo y Espíritu santo) en un solo Dios verdadero.

Para aproximarnos a la verdad de lo que sucedió el año 711, cuando un contingente de guerreros del norte de África ( bereberes), cruzan el estrecho de Gibraltar, derrota a las tropas visigodas de Don Rodrigo y se establecen en la Península Ibérica, tendremos que remontarnos al siglo IV.
Un poco de historia.

En el año 325, el emperador Constantino convoca un concilio en Nicea para zanjar las disputas teológicas que estaban perjudicando al imperio.

El dogma de la Trinidad se impuso y se incluyó en la religión oficial, al mismo tiempo se  excomulgaba al obispo Alejandrino Arrio, que murió en el año 336, un día antes al fijado por el emperador para obligarle a reconciliarse con la Iglesia. Un siglo después, su mensaje obtuvo un eco imprevisible.

Las ideas de Arrio en Oriente fueron propagadas por Prisciliano en la Península Ibérica y en el sur de la Galia. Prisciliano nació en el seno de una familia senatorial en el año 340 (se cree en  Galicia) y comenzó a predicar hacia el 370.

Hombre culto, ascético, vegetariano y que no hacía distinción entre hombres y mujeres en cuestión de nombramientos relacionados con el culto; principios que retomarán siglos después los cátaros.

Los libros de Arrio fueron quemados y apenas quedan obras de Prisciliano. De los signos externos y sacramentos del arrianismo sólo se sabe, por referencias de sus enemigos, el empleo de alguna forma de tonsura y que el bautizo se realizaba mediante tres inmersiones, quizá en correspondencia con la trilogía “cuerpo, alma y espíritu” o “cuerpo físico, astral y mental”.

Prisciliano durante toda su vida  fué acosado por los obispos trinitarios, temerosos de su influencia entre el clero y la población.

En el año 385, en la ciudad de Tréveris, el emperador Máximo le hizo acudir para que se defendiera de la acusación de hechicería lanzada por sus adversarios.

Hubo un juicio, viciado por intereses clericales e imperiales, y una condena: a Prisciliano le cortaron la cabeza. Fue el primer hereje que sufrió pena de muerte. Curiosamente, el propio emperador Máximo fue ejecutado tres años después por orden de Teodosio.

Unamuno sugiere que en Compostela no es el Apóstol Santiago quien está enterrado, sino Prisciliano, lo cual daría idea de la extensión e importancia que alcanzaron sus doctrinas.Su ejecución afianzó el arrianismo en el país. El año 460 llegó al poder el monarca godo Eurico, que se convirtió a la fe arriana.

En el año 587, el rey godo Recaredo se alió con los trinitarios por conveniencias políticas y, en nombre propio y en el de todo su pueblo, abjuró del arrianismo que habían practicado los anteriores monarcas godos.

Se prohibió el culto arriano y se iniciaron brutales persecuciones contra sus seguidores y también contra los judíos, quienes hasta entonces habían practicado su religión libremente.

Los arrianos de la península y del sur de Francia se sublevaron ;soportaron durante el siglo siguiente robos, violaciones, asesinatos y reducción a la esclavitud, perpetrados por la oligarquía goda y el clero.

La tensión se calmó cuando el rey godo Vitiza subió al trono en el año 702 y comenzó a deshacer los entuertos de sus antecesores: declaró una amnistía contra los perseguidos y les restituyó sus bienes; detuvo las medidas hostiles contra los judíos y convocó el XVIII concilio de Toledo, cuyas actas, sospechosamente, se han perdido.

El grueso de los historiadores opina que fueron destruidas porque eran contrarias al Cristianismo ortodoxo romano. A la muerte de Vitiza, en torno al año 709, todo cambió.

La nobleza y los obispos impidieron que su hijo Achila, que era menor de edad, ocupara el trono, y eligieron en su lugar a Don Rodrigo, un jefe militar afín a sus intereses.

Estalló entonces una guerra civil entre los partidarios de éste (seguidores del Cristianismo establecido), y quienes apoyaban a los sucesores de Vitiza (creencias arrianas o unitarias); estos últimose veían en Don Rodrigo a un usurpador del trono visigodo.

Al mando de la Bética estaba Rechesindo, antiguo tutor del hijo de Vitiza. Rodrigo lo mató en una escaramuza y entró en Sevilla sin oposición.

Los partidarios de la estirpe de Vitiza, debilitados unitarios, pidieron ayuda a su correligionario Tariq, gobernador de la provincia visigótica de Tingitana (Tánger), en el norte de Marruecos, que había sido nombrado por Vitiza y con cuyo reinado mantenía estrechas relaciones comerciales.

Tariq era, probablemente, de raza goda, como apunta la sílaba “ic” hijo en lengua germánica. Uno de sus jefes militares era Yulian, de origen romano, a quien la leyenda de la invasión convirtió en el traidor conde Don Julián.

En el año 711, a finales de abril en que Tariq Ibn Ziad, a la cabeza de un ejército de siete mil hombres en el que domina la etnia beréber de la que él forma parte (los árabes eran menos de 300), cruza el estrecho que llevará a partir de entonces su nombre, para desembarcar en la Península Ibérica Y defender la causa unitaria.

La presencia de  tropas no provocó reacción entre la población autóctona,  la petición de auxilio a fuerzas extranjeras era  muy corriente en Hispania.Los judíos, ferozmente perseguidos por los monarcas godos después de que éstos abandonaran la fe arriana, acogieron a los recién llegados.

Los expertos subrayan que sólo un estado puede organizar una invasión militar; no existía entonces un imperio arábigo, sino tribus y pequeños caudillos enfrentados entre sí y carentes de gobierno, administración y ejército.

El contingente islamo-beréber hizo la travesía a bordo de la flota del conde Don Julián, el antiguo gobernador cristiano de Ceuta que se había puesto al servicio del gobernador musulmán de la Ifriqiyah, Musa lbn Nusair, con sede en Qairauan (hoy Tunicia).

Por un lado, el conde Don Julián era un cristiano unitario, es decir un monoteísta puro, que adhería a las enseñanzas de los cristianos primitivos y de los llamados Padres y Doctores de la Iglesia, como Orígenes (185-254), Clemente de Alejandría (m. 215), Tertuliano (155-220) y Justino Mártir (100-165), y especialmente al obispo griego Arrio (256-336), nacido en Libia, todos ellos defensores de un acendrado monoteísmo que rechazaba la divinidad de Jesús.

La doctrina de la Trinidad, recordemos, fue instaurada en la Iglesia Católica a partir del Primer Concilio de Nicea, en 325, y, produjo un gran cisma entre los cristianos de oriente, partidarios del monoteísmo, y los obispos occidentales liderados por Osio (257-358) que a través del llamado pacto constantiniano monopolizaron desde entonces la orientación y el poder de la Iglesia.

El historiador español Ignacio Olagüe explica en su obra “La Revolución Islámica en Occidente”, que a partir de entonces “la doctrina trinitaria fue impuesta a hierro y fuego” por todo el norte de Africa y la Península Ibérica.

Eso también explica la relativa facilidad con que los musulmanes avanzaran por esas regiones, y la hospitalidad con que fueron recibidos, particularmente la de los beréberes.

Luego de consolidar su dominio en la lfriqiyah (Tunicia) hacia el 670, en 701 alcanzaron el extremo occidental del Magrib y en 708 entraron en Tánger.

Respecto a Musa Ibn Nusair, el historiador musulmán almohade Ibn al Kardabus, del siglo XII, nos dice que pertenecía a la escuela de pensamiento shi’i. Su padre había sido Nusair al Bakri, nacido en 640, a quien el fundador de la dinastía omeya, Mu’awyah Ibn Abu Sufián había conferido el mando de su guardia, pero él se negó a combatir contra el cuarto califa, ‘Ali Ibn Abu Talib (600-661).

Musa Ibn Nusair haría la alianza con el arriano conde Don Julián, señor de Tánger y Ceuta. Así, en 710 envió a su lugarteniente Tarif con 500 hombres a ocupar el saliente sur de la Península donde la ciudad de Tarifa lleva su nombre y a la cual impuso un pesado tributo, o sea “la tarifa”, para castigar los excesos de la gobernación visigoda contra los cristianos arriaos de la región.

Vale aquí puntualizar que la población mayoritaria de la Península adhería a los principios unitarios y al arrianismo. Por el contrario, la corte y el clero visigodo respondían a los dictados de Roma y al dogma trinitario.

La oligarquía visigoda con sede en Toledo explotaba y oprimía hasta los más crueles extremos a sus súbditos arrianos. El profesor Olagüe en la obra ya citada, muy recomendable ciertamente, brinda pormenorizados detalles de este asunto.

Volviendo a nuestro tema anterior del cruce de Taríq, éste al frente de sus hombres desembarcó en las cercanías del famoso peñón al que se dio su nombre: Yabal al Tariq, “Monte de Tariq”, es decir, Gibraltárabe: El 19 de julio de ese mismo año, por las orillas del río Guadalete, logra una victoria decisiva sobre el rey visigodo Don Rodrigo.

Se dice que Rodrigo murió en la batalla, pero es más probable que fuera expulsado de Andalucía y buscara refugio en Lusitania, donde pudo haber fundado su propio reino, ya que existía en Viseu una sepultura con la inscripción “Aquí yace Roderico, rey de los godos”, que todavía se conservaba en el siglo XVIII en la iglesia de San Miguel de Fetal, según señala el abate Antonio Calvalho da Costa en su Corografía portuguesa.
Un mes más tarde, Musa envia otro lugarteniente Mughit ar Rumi a cercar la ciudad de Córdoba. Dice Haim Zafrani en su obra “Los judíos del Occidente Musulmán”: “Durante el asedio, los judíos se encierran en sus hogares esperando impacientemente el desenlace.

Contrariamente a lo que sienten por los godos y su clero, no temen en absoluto la llegada de los musulmanes en los que tienen puestas todas sus esperanzas, pues no olvidan que los reyes visigodos los han oprimido despiadadamente.

Sirviéndose de estratagemas, los judíos -según narran los historiadores musulmanes y cristianos- contribuyeron a facilitar la entrada del ejército islámico a la ciudad, celebrando su victoria. Mughit los tomó a su servicio, onfiándoles la guardia de la ciudad. Lo mismo ocurrió en Toledo, y en Sevilla, donde Musa Ibn Nusair dejó una guarnición judía para mantener el orden”.

A partir de entonces, España entra en el seno de Dar al islam, (la Casa del islam), y los cristianos arrianos y judíos se integran en el estado musulmán que se va forjando.

Así, los judíos españoles, al convertirse en miembros de un dominio que se extiende desde el Atlántico hasta la China, se reencuentran con sus hermanos de las demás comunidades judías de Oriente y de Africa del Norte, reanudando sus lazos socio-culturales y económicos.

Por otra parte, los cristianos unitarios españoles consolidan y reafirman su identidad monoteísta junto con sus hermanos en la fe, musulmanes y judíos. Esta explicación de los orígenes de la España musulmana, tal vez un tanto extensa, la creo necesaria para contrarrestar la historia oficial que sin fuentes ni argumentos serios afirma que España fue conquistada a sangre y fuego por los musulmanes.

En el siglo IX, vemos que los musulmanes llevaban 140 años en la península, tenían desde hacía un siglo la capital del reino en Córdoba, la más importante y refinada ciudad de Occidente por entonces, con un millón de habitantes, y es evidente que no habían forzado la conversión masiva de indefensos cristianos, ni siquiera hacían proselitismo de su fe ni alardes de su culto.

¿Qué fe seguían entonces los andaluces?. Probablemente el arrianismo tradicional, en evolución hacia el islamismo, que la mayoría de la población acabaría abrazando, igual que la lengua árabe por el latín. No hubo imposición, sino lento cambio. Y no era una fe extranjera.

Asín Palacios y otros arabistas mantienen que el islam tiene relación con el Arrianismo y el Judaísmo. Se comprende el respeto de los musulmanes hacia las “gentes del Libro”, con las que comparten lo esencial: el sometimiento a un solo Dios con el que pueden comunicarse directamente y desde cualquier lugar.

Se ha querido transmitir la idea de que España era un desierto artístico e intelectual hasta que llegó el islam. Sin embargo, el historiador Bonilla San Martín dice que “el movimiento priscilianista, los trabajos de los concilios de Toledo, las producciones de los escritores, atestiguan en la España de los siglos IV y V una cultura excepcional.

La invasión goda, lejos de sofocar este progreso, lo acrecentó y estimuló notablemente”. De hecho, los estudiosos mantienen que el arte arábigo fue una prolongación del ibero y del visigótico.

El árabe se empieza a generalizar por escrito en España hacia la segunda mitad del siglo IX. Es entonces cuando florecen las ciencias, la filosofía y la poesía. La rica lengua árabe es el instrumento; el genio lo aportan aquellos que vivían ya en Al-Andalus y los que llegaron como invitados, tanto del mundo islámico como del cristiano, sin distinción de etnias.

Las innovaciones arquitectónicas como el arco de herradura no son una aportación arábiga; existía en Occidente y puede verse en varias construcciones de España y Francia anteriores al islam.

Tampoco parece obra suya la mezquita de Córdoba, ni nació mezquita. Ese templo, bosque de columnas, es incompatible con el culto musulmán y con el cristiano, ya que ambos exigen espacios diáfanos para seguir al oficiante.

En suma, demasiadas incógnitas a la hora de analizar un periodo que fue trascendental para la posterior evolución de la sociedad española y que la historiografía oficial ha catalogado, de forma excesivamente parcial y simplista, como un invasión y una reconquista, pero como decía Ortega y Gasset “Una reconquista de seis siglos no es una reconquista”.

Lo más probable es que nunca existiera una invasión violenta sino una revolución interna de los pobladores de la Hispania que se dejaron seducir por la magia de lo nuevo y mejor.
El papel del Obispo Oppas.

Obispo visigodo de Sevilla. A la muerte de su hermano el Rey Witiza (710), y a pesar de que éste había nombrado sucesores a sus hijos, el concilio de nobles y prelados había elegido a Rodrigo (Roderico) como sucesor, por lo que se abrió un periodo de guerra civil por motivos sucesorios.

Akhila, hijo de Witiza, y sus partidarios, entre los que seencontraban el Obispo Oppas, se levantaron contra lo que consideraron una usurpación, dando lugar a una guerra civil.

La lucha entre ambos bandos concluyó a favor de los segundos en la primavera de este año; unos huyeron hacia el norte y otros se refugiaron en la plaza fuerte de Ceuta, gobernada por don Julián, pariente de Witiza.

A principios del 711, estalló una revuelta en el norte de España, en las proximidades de Pamplona. Rodrigo reunió a su ejército y se dirigió a combatirla. Al mismo tiempo, aprovechando el momento, el Conde don Julián y el Obispo Oppas pactaron con Muza una alianza para recuperar el trono para los hijos de Witiza, aunque se tienen sospechas de que lo deseaban para ellos mismos.

En mayo del 711, Tarik ben Ziyad, Gobernador del norte del África musulmán, acompañado por el Conde Julián y el Obispo Oppas, desembarcaron en Gibraltar con un ejercito de 12.000 hombres.

Entre el 19 y el 26 de julio del 711 se dio la famosa batalla de Guadalete, en la que Rodrigo, a pesar de que contaba con un ejército de más de 100.000 hombres, fue totalmente derrotado.

Oppas ayudó a Tarik en su invasión de la península, acompañándole en la toma de Écija, Córdoba, Úbeda, Jaén, Consuegra y Toledo, donde fueron ejecutados los nobles partidarios de Rodrigo que se encontraban en la ciudad.

Cuenta la Historia que habéndose enterado Munuza del levantamiento de los cristianos y de la elección de Don Pelayo como su jefe, pidió ayuda al emir de Cordoba.

El emir de Cordoba le envió a su lugarteniente Alkama con un grueso ejercito para someter a los sublevados y a “Don Opas” prelado de sevilla y pariente de Don Pelayo.

Alkama envió de embajador a don Opas para ver si con buenas razones lograba convencer a Pelayo para que desistiese de la lucha, haciéndole a dicho fin grandes y halagadoras promesas.

Según cuenta el “Cronicon” del Obispo de Salamanca, Don Opas da a Don Pelayo el siguiente consejo:

“Hermano: estoy seguro que trabajas inútilmente. ¿Qué resistencia has de oponer en esta cueva, cuando toda España y sus ejércitos unidos bajo el poder de los godos, no pudieron resistir el ímpetu de los ismaelitas?. Escucha un consejo: retírate a gozar de los muchos bienes, que fueron tuyos, en paz con los árabes como hacen los demás.”

A esto contestó don Pelayo. “No quiero amistad con los sarracenos, ni sujetarme a su imperio; porque, ¿no sabes tú que la Iglesia de Dios se compara a la luna, que estando eclipsada vuelve a su plenitud? Confiamos, pues, en la misericordia de Dios, que de este monte que ves saldrá la salud a España.

Tú y tus hermanos, con Julián, ministro de Satanás, determinasteis entregar a esas gentes el reino de los godos; pero nosotros, teniendo por abogado ante Dios Padre a nuestro Señor Jesucristo, despreciamos a esa multitud de paganos, en cuyo nombre vienes, y por la intercesión de la Madre de Dios, que es Madre de misericordia, creemos que esta reducida gente de 105 godos ha de crecer y aumentar tanto como semillas salen de un pequeñísimo grano de mostaza.

” Don Opas, luego de oír la contestación de Pelayo, se volvió al ejército moro y dijo : ” Marchad hacia la cueva y luchad, que si no es por medio de la espada, nada podremos conseguir de él.”

Opiniones, hechos y razonamientos:
1.  Muchos historiadores desconfian del éxito de la invasión musulmana de España por la rapidez en que un escaso número de guerros destruyó el reino de Toledo.
 
– Los visigodos fueron cristianizados en el más profundo y radical arrianismo unitario.

– Los hispanorromanos eran devotos de la doctrina de Roma, Trinitaria desde Nicea.

– Recaredo se convirtió para  evitar las insurrecciones de los hispanorromanos trinitarios. La última gran insurrección  la protagonizó su   hermano Hermenegildo desde la Betica (profundamenta trinitaria).
 
– La rápida derrota de los ejercitos de la monarquía toledana, integrados también por hispanorromanos, fue debida entre otras causas, al hecho de la profunda crisis de la estructura militar, como acreditan los desesperados esfuerzos de Wamba por una reforma que recuperara el potencial militar perdida.

– Otra causa de la derrota fué el debilitamiento del Reino, dividido en luchas fraticidas entre dos dinastías.

2.  En la llamada Edad de Oro del islam, cuando el territorio musulmán se extendía de España hasta la China, entre los siglos VIII y XIV, convivían en su seno en un ambiente de libertad y mutuo respeto cristianos arrianos, nestorianos, monofisitas y coptos, judíos, budistas, zoroastrianos, maniquéos e hinduistas, cuyas creencias y tradiciciones eran garantizadas por el islam por el estatuto de Ahl al Dhimma, es decir, la “Gente del Pacto”.

Esto es algo que el islam puso en práctica hace más de 1.400 años y que Occidente a duras penas comenzó a llevarlo a cabo a mediados del siglo XX.

Y es precisamente uno de estos pactos, el firmado entre el godo Teodomiro, gobernador de Orihuela, y ‘Abdul ‘Aziz, el hijo de Musa lbn Nusair, el 5 de abril del año 713, el que conforma el documento más antiguo de la historia andalusi.
 
En virtud de este tratado Teodomiro quedó como gobernador inamovible y Orihuela (la de Miguel Hernández) fue un estado autónomo durante muchos años.

Cuando los musulmanes llegaron a la Península, traían un concepto absolutamente revolucionario basado en el Corán y la Sunnah o Tradición del Profeta Muhammad, por el cual se trataba a los seres humanos por igual, respetando sus derechos y propiedades.

Edicto de `Abdul ‘Aziz Ibn Musa Ibn Nusair a Tudmir Ibn Abdush (esto es, Teodomiro, hijo de los godos).

En el Nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso.

Este último obtiene la paz y recibe la promesa, bajo la garantía de Dios y su Profeta, de que su situación y la de su pueblo no se alterará; de que sus súbditos no serán muertos, ni hechos prisioneros, ni separados de sus esposas e hijos; de que no se les impedirá la práctica de su religión, y de que sus iglesias no serán quemadas ni desposeídasde los objetos de culto que hay en ellas; todo ello mientras satisfaga las obligaciones que le imponemos. Se le concede la paz con la entrega de las siguientes ciudades: Uryula [Orihuela], Baltana, Lakant [Alicante], Mula, Villena, Lawraka [Lorca] y Ello.

Además, no debe dar asilo a nadie que huya de nosotros y sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que goce de nuestra amnistía; ni ocultar ninguna información sobre nuestros enemigos que pueda llegar a su conocimiento.

Él y sus súbditos pagarán un tributo anual, cada persona, de un dinar en metálico, cuatro medidas de trigo, cebada, zumo de uva y vinagre, dos de miel y dos de aceite de oliva; para los sirvientes, sólo una medida. Dado en el mes de Rayab, año 94 de la Hégira (713 d. C.). Como testigos, ‘Uzman Ibn Abu `Abda, Habib Ibn Abu ‘Ubaida, Idris Ibn Maisara y Abul Qasim al Mazali.

3. No hubo invasión de ejércitos árabes. La realidad, es otra bien distinta. En el siglo VII se produce un movimiento revolucionario que va ganando adeptos en Oriente y que empieza a extenderse por todo el mundo.

Las lápidas encontradas en Xativa, fechadas en el S.VII, -y otras más encontradas en otros lugares y fechadas en el mismo siglo, según fuentes universitarias- demuestran que el islam llega a la península Ibérica directamente desde Oriente, posiblemente a través de la costa mediterránea no sometida a la monarquía visigoda y que mantenía relaciones comerciales y de clientela –protección- con el Imperio Bizantino de Oriente.

El proceso de asimilación de las nuevas ideas y los nuevos ritos, es lento, progresivo, pasando por una primera etapa de sincretismo con el arrianismo hasta llegar a las formas de culto islámicas y a unas formas sociales islamizadas: deslatinización, adopción del idioma árabe y arabización de los nombres.

Las posteriores leyendas de la batalla de Guadalete , al igual que la muerte de Rodrigo, muerto en la batalla de Guadalete según la leyenda, no son más que eso leyendas. Es mucho más probable que huyera hacia la Lusitana en busca de refugio, pues según el abate Antonio Calvalho da Costa en su “Corografía portuguesa”, en Viseu, existía una sepultura con la inscripción “aquí yace Roderico, rey de los godos”.
Mas Pruebas:

San Eulogio. Miembro de una familia acomodada que vivió en Córdoba en la primera mitad del Siglo IX. Al regreso de su viaje a Navarra (849-850) y ante la difusión que tuvieron las herejías unitarias en Andalucía, se le ocurrió combatirlas predicando el martirio a las vírgenes cristianas de Córdoba, en la creencia de que la sangre vertida podría detener el proceso de islamización que se estaba engendrando en su ciudad.

Las revueltas populares que el martirio de las vírgenes sacrificadas causaron, llevaron a la autoridad política a hacerle responsable de la alteración del orden público, siendo encarcelado por estos motivos.

La fama alcanzada por sus escritos, hace que sea nombrado Arzobispo de Toledo, no pudiendo ocupar el cargo por haber sido condenado por la justicia del sultán cordobés y encontrarse encarcelado.

Más tarde, Alfonso III consigue que Abderrahman II, monarca de Al-Andalus, le permita trasladar el cuerpo de San Eulogio hasta Oviedo. El cuerpo iba acompañado de manuscritos con las obras del escritor, reproducidas en vida de este, las cuales se conservan en la biblioteca de la catedral de Oviedo.

Entre estos documentos, se encuentra el Apologeticum martyrium, escrito en 857, donde relata su viaje a Navarra, dando cuentas del hallazgo que hizo en la biblioteca del Monasterio de Leyre: un opúsculo que reseña una biografía de Mahoma.

Los pormenores de este viaje, son conocidos por la biografía que Álvaro escribe de San Eulogio y por la carta que este escribe al obispo de Pamplona a su regreso a Córdoba, por lo que no hay duda de su autenticidad y del año en que fue escrita.

Alojado San Eulogio en el Monasterio de Leyre, hizo un gran descubrimiento en la biblioteca de este monasterio. El mismo lo relata de la siguiente forma:

“Cuando últimamente me hallaba en la ciudad de Pamplona y moraba en el monasterio de Leyre, ojeé todos los libros que estaban allí reunidos, leyendo los para mí desconocidos. De pronto descubrí en una parte cualquiera de un opúsculo anónimo la historieta de un profeta nefando”.

Se trataba de una biografía del profeta Muhammad. La lectura de esta biografía de un profeta desconocido para él, le produjo tal sensación, que se vio en la necesidad de compartir el hallazgo con sus correligionarios, los intelectuales católicos Juan Hispalense y Álvaro de Córdoba.

Juan Hispalense, que seguramente había recibido la carta antes que Álvaro, escribía a este, remitiéndole un extracto de la biografía de Muhammad, para hacer partícipe a Álvaro del extraordinario descubrimiento que su amigo común, Eulogio, había encontrado en Leyre. Estas cartas, fueron intercambiadas entre los años 849 y 851.

Conclusiones:

Hacia la mitad del siglo IX, la jerarquía eclesiástica andaluza, desconocía la existencia del islam. No se habían enterado de la invasión de los árabes en el 711, no se habían percatado de que cinco veces al día, los almuecines de las mezquitas cordobesas llamaban a la oración a los fieles del islam.

Su preocupación no era el islam, -no lo conocían- sino el judaísmo, el arrianismo, otrás herejías cristianas y el ateismo, pero no el islam, del que no se hace mención en ningún documento eclesial hasta las cartas de Eulogio en el año 849 aproximadamente, en las que muestra su perplejidad ante el descubrimiento de una nueva religión.

– Capítulos libro Olague.

http://www.islamyal-andalus.org/nuevo/olague/cap10.htm

– Artículo Los árabes no invadieron la península Ibérica.

http://www.webislam.com/?idt=5476

– Artículo Don Pelayo, el vencedor de Covadonga.

http://revista-arbil.iespana.es/(31)pely.htm

– Artículo Pierre Guichard, representante de la “historia oficial” y conocedor del Islam.

http://www.arqueologiamedieval.com/noticias/88/

– Artículos y obras de Pierre Guichard.

http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=78185 

– Artículo Orígenes y fundamentos del Islam.

http://arpa.ucv.cl/archivum4/historia%20medieval/islam.%20guerra%20y%20jihad…jm.riveros.pdf

– Artículo Nacimiento y expansión del islam.

http://club.telepolis.com/PASTRANEC/temascomp/Tema27.html

– Artículo ISLAM HISPANICO – HISTORIA Y TEORIA DE AL-ANDALUS.

http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=681&cadena=invasion musulmana#comentarios

– Artículo LA FORMACION DE LA LEYENDA.

http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=1187&cadena=invasion musulmana#comentarios

– Foro Islam en Hispania: ¿invasión o revolución?.

http://hispanismo.org/historiografia-y-bibliografia/10374-islam-en-hispania-invasion-o-revolucion-8.html
– Video El mito de la invasión árabe I.

http://video.google.es/videoplay?docid=-1474441929539303782&ei=6tgjS-zOFNWC-AaihYWmDQ&q=ignacio+olague&hl=es#

– Video El mito de la invasión árabe II.

http://video.google.es/videoplay?docid=-1474441929539303782&ei=6tgjS-zOFNWC-AaihYWmDQ&q=ignacio+olague&hl=es#docid=-8400376469545565687

Nota:  Sin comentarios, analiza la información y saca tus propias conclusiones sean cuales sean.  No olvides que nadie posee la verdad absoluta ni el islam, ni la iglesia;  es más esta ultima peca más bien de mentirosa y ocultista, los hechos estan ahí. A los otros pajarracos con túnica ya les veremos el plumero.

                 F.D.O.

                                       Catt69.

Ver álbum de fotos | Leer LVI. Los árabes no invadieron España. en El blog de Catt69.

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